Por: Javier Valdovinos
Un elevado de sacrificio de Maikel Franco con la casa llena en la décima entrada selló la victoria de los Diablos Rojos frente a su afición.
El Alfredo Harp Helú se convirtió en un hervidero de tensión y júbilo. Diez entradas, lluvia, nervios y un héroe que volvió a aparecer: Maikel Franco.






Cuenta llena. Casa llena. Corazón lleno. El dominicano levantó un elevado profundo al izquierdo. La bola viajó, el público contuvo el aliento… y Singleton cruzó el plato. ¡Victoria 6-5!
Desde el inicio, el destino del juego parecía estar escrito con gotas de lluvia, retrasando el pitcheo inicial y añadiendo una capa extra de nerviosismo. Pero la narrativa del encuentro se encargaría de demostrar que la resiliencia sería la verdadera protagonista. Los Guerreros, con una determinación inquebrantable, lograron empatar el marcador en la séptima y novena entrada, llevando el partido a un punto de ebullición.
Sin embargo, los Diablos Rojos respondieron con temple, con una estrategia que se cocinó a fuego lento: un pasaporte, un balk, un toque de bola, y la mesa servida para el turno decisivo. Y ahí, en el momento cumbre, con la cuenta llena, la casa llena y el corazón de la afición a punto de estallar, apareció Maikel Franco.
El dominicano, con la calma de un veterano y la potencia de un gigante, levantó un elevado profundo al jardín izquierdo. La bola viajó, suspendiendo el aliento de miles de gargantas, mientras Singleton cruzaba el plato.
El júbilo estalló, las tribunas se convirtieron en un mar de gritos de celebración. Franco, con una sonrisa que reflejaba la satisfacción del deber cumplido, se erigía una vez más como el protagonista indiscutible.
No era la primera vez que Franco se vestía de héroe. Ya en la cuarta entrada, un cuadrangular suyo había igualado el marcador, demostrando su capacidad para aparecer en los momentos clave. Este sacrificio en la décima entrada no solo selló el triunfo, sino que marcó su segundo walk-off de la campaña, ambos con su firma inconfundible.
La noche del viernes se despidió con un eco de victoria que resonará hasta el próximo duelo, este sábado a las 4 p.m., en el mismo escenario, donde una nueva batalla espera ser contada.









