Pulso
Por Eduardo Meraz
Ciudad de México.- Todo hace suponer una nueva andanada del presidente de Estados Unidos hacia México ante las políticas estériles, medianas en el mejor de los casos, de su vecino del sur, cuya titular del ejecutivo simple y sencillamente ya no sabe para dónde hacerse.
Las declaraciones presidenciales buscan acercarse a su feligresía, pero sobre todo hacia el río Suchiate. En los hechos, sus actos se orientan más a quedar bien con los de allende el río Bravo.
Así, entre “trumpicones” entre el decir y el hacer, por todos lados genera desconfianza: los inversionistas se niegan a arriesgar su capital por la tipología de vecindad otorgada a la Constitución Mexicana, con jueces, magistrados y ministros en la maraña de la “argüendés”, en vez de privilegiar los argumentos jurídicos.
El segundo piso de la transformación, como legatario de la 4T simple y sencillamente no se haya ante la magnitud descomunal de las trapacerías cometidas durante la gestión y “visto bueno” del anterior presidente a los jugosos negocios de corrupción; si tapa de un lado, descobija de otro.
Con sus aliados “outsider” del sistema político mexicano, las miles de detenciones, la confiscación de toneladas de drogas, sintéticas y no, la destrucción de narco laboratorios y la entrega de capos a las autoridades norteamericanas, hacen prácticamente imposible la renovación de pactos.
Estas cifras de detenciones y decomisos que parecen sacadas de un parte de guerra, no logran convencer al vecino del norte.
A pesar de estos resultados -algunos de ellos francamente inverosímiles-, para el vecino Donald Trump son insuficientes y, en no pocos momentos, se siente engañado, por lo cual seguirá dándole vuelta la tuerca de los aranceles, la contención migratoria y la presión militar para destruir la alianza entre capos del crimen y del oficialismo.
Los próximos tres meses, se anuncian como un campo minado, pues las exigencias estadounidenses sobre la presidenta Claudia Sheinbaum y su gobierno se intensificarán.
Acciones que, a su manera, la presidenta mexicana replicará internamente hacia los grupos opositores pues, a final de cuentas, ambos mandatarios dependen de alcanzar buenos resultados antes de las elecciones intermedias en cada nación, aunque sean más apariencia que sustancia.
En ese juego de espejos, los “trumpicones” —esas contradicciones entre el decir y el hacer— se multiplicarán y generarán un clima de incertidumbre que ahuyenta a los inversionistas y erosiona la confianza en las instituciones mexicanas.
Así, según el margen de maniobra que alcance a obtener la comandanta suprema en su tratos con el presidente Trump, dependerá el grado de asfixia que aplique a sus adversarios.
Los casos de Marina del Pilar y de Rubén Rocha Moya tienen un comparativo a las indagatorias sobre Ernesto Ruffo y Francisco García Cabeza de Vaca.
A futuro, la suerte de distinguidos morenistas como Adán Augusto López, Alfonso Durazo, Américo Villarreal, correrá paralela a la apertura de carpetas de investigación contra opositores políticos o algunos hombres de negocio poco afines al oficialismo.
La justicia, convertida en herramienta de poder, se despliega como espada de doble filo: castiga a unos, protege a otros, y en el proceso erosiona la credibilidad de todos.
Si se rebasa este nivel de confrontación para involucrar a la parentela del ex presidente López Obrador, el escenario se tornará aún más sombrío, porque cuando la política toca la fibra íntima de la parentela, las heridas se vuelven personales y la confrontación se convierte en vendetta.
En ese contexto, el gremio periodístico se perfila como víctima colateral. La censura, disfrazada de regulación, amenaza con convertirse en hambruna, pues el hambre de controlar la narrativa se transforma en un apetito insaciable que devora la libertad de expresión.
Los periodistas, guardianes incómodos de la verdad, se convierten en blanco de un poder que no tolera la crítica y que busca imponer un relato único, uniforme, domesticado.
La metáfora de los “trumpicones” resume la paradoja de nuestro tiempo: un vaivén constante entre el discurso y la acción, entre la promesa y la realidad, entre la soberanía proclamada y la dependencia evidente.
México, atrapado en esa dinámica, se debate entre la necesidad de resistir los vientos del norte y la obligación de ceder ante las ondas tropicales de Palenque.
La corrupción heredada, la fragilidad institucional, la tentación de la censura y la instrumentalización de la justicia son síntomas de un sistema que aún no logra reinventarse.
Los “trumpicones” no son solo contradicciones políticas; son reflejo de una sociedad que aún busca su identidad, que oscila entre la esperanza de la transformación y la desilusión de la realidad.
Y en ese camino, los “trumpicones” deben convertirse en lecciones, no en condenas.
La presidenta Sheinbaum, como equilibrista en la cuerda floja, debe mantener el balance entre las exigencias externas y las tensiones internas, consciente de que un paso en falso puede precipitarla al vacío.
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He dicho.
EFECTO DOMINÓ
El Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO pospuso para 2027 la evaluación del impacto del Tren Maya en Calakmul, debido a que México no aportó a tiempo ni completo el informe sobre su estado de conservación.








