columna

El otro informe

Pulso

Por Eduardo Meraz

Ciudad de México.- Como casi siempre, la liturgia de los informes de gobierno -como canta Willie Colon- son “un tema en technicolor”: luces, aplausos, cifras cuidadosamente maquilladas y en el cual la clase política en el poder se regodea por ser los mandones en el país, aun cuando las promesas incumplidas se acumulen como expedientes en un archivo invisible.

Es la ceremonia perfecta para hacer algo útil del -diría Mario Marín- “pinchi poder”; para presumirlo y repartirlo entre los purificados, mientras para todos nosotros, está la paciencia, amén.

Las gráficas suben, los indicadores mejoran, los programas avanzan, la economía resiste y la transformación camina con paso firme. En el pequeño círculo donde se toman las decisiones, las voces críticas parecen haberse convertido en un ruido lejano, casi imperceptible.

El problema es que México no termina en el Patio de Honor; fuera, el fantasma de la realidad recorre calles, escuelas, mercados, oficinas y hogares. Anda, como en la canción, “susurrando” preguntas incómodas que nadie quiere contestar.

“Que anda suspirando por las alcobas /que se oye susurrando en versos de trova / que anda combinándonos preguntas locas / que anda en las cabezas, anda en las bocas… / y grita en el mercado, ¿qué cosa es esa? / Es la naturaleza, será, que será”.

Y así vemos como las estadísticas de la gestión gubernamental de la presidenta Claudia Sheinbaum se puebla de un mundo color de rosa, donde todo -en su mundo alterno- marcha bien y se tiene rumbo, cuando todos en el petite comité del edificio virreinal se vuelve la caja de resonancia, en donde nadie desentona.

Pero fuera, la realidad de millones de mexicanos “… anda ascendiendo por hartos huecos, que están hablando alto en la bodega”, en las escuelas, las plazas y los hogares se vive de manera distinta a las untuosas habitaciones del palacete colonial. Ese es el otro informe que no aparece en el discurso oficial, ni se pronuncia desde el teatro en atril o con la ayuda del telpromter.

Una cosa es presentar estadísticas y otra muy distinta explicar lo que ocurre detrás de ellas.

El gobierno puede elegir los indicadores que mejor le acomodan, destacar avances y esconder retrocesos entre una montaña de datos; también puede convertir una cifra favorable en argumento político y una desfavorable en herencia recibida.

Pero las familias hacen sus propias cuentas: saben cuánto costaba llenar el carrito del supermercado; conocen cuánto pagan de luz, transporte, renta, medicamentos o colegiaturas; resienten si el salario alcanza para llegar al fin de mes o si hay que recurrir a la tarjeta, al préstamo familiar o al “luego vemos cómo le hacemos”.

Y es justamente un centro de estudios del sector privado el cual devela la verdadera odisea de ser mexicano, sin falsos masioserismos, al afirmar que el gasto público sigue en aumento, sobre todo en las “transferencias incondicionales de efectivo”, es porque reducirlas será “muy costoso políticamente”.

El problema no es ayudar a quienes necesitan apoyo. El problema aparece cuando la política social deja de ser una plataforma para salir adelante y comienza a convertirse en una herramienta para conservar respaldo político.

De ahí que los anuncios de incrementos, en valor y en número, de la “devolución de impuestos”, es la única apuesta a la cual se la juega el cuatroteísmo, sin saber:

“Que no tiene certeza y nunca te da / Que no tiene concepto y nunca tendrá / Que no tiene tamaño”

Sobre todo porque tampoco crean por sí mismos prosperidad y mucho menos pueden convertirse en el único proyecto económico de una nación de más de 130 millones de habitantes.

Porque si el gobierno transformador solamente reparte, pero no genera condiciones para que las personas produzcan, emprendan, inviertan, ahorren y mejoren sus ingresos, tarde o temprano la cuenta llega. Y la cuenta siempre termina pagándola alguien: los ciudadanos.

La presidenta tiene todavía tiempo para demostrar que el gobierno puede ir más allá del aplauso fácil y de la estadística conveniente o de administrar la popularidad, porque el dinero público puede comprar alivio, pero no necesariamente bienestar permanente.

Quizá de esa forma, Claudia Sheinbaum pueda desechar los versos de Willie Colón:

“Que me despierta por la noche / Y me hace temblar, me hace llorar / (Oh, qué será).

“Son fantasmas, somos fantasmas / Siento la puerta tocar tres veces / Oh, quién será (oh, qué será)”.

El otro informe: la realidad. Y no es farmear aura

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He dicho.

EFECTO DOMINÓ

El Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica (Sinave) reportó una nueva muerte en humanos por el gusano barrenador del ganado (GBG). El más reciente fallecimiento ocurrió en la semana del 16 al 22 de agosto en Veracruz, con lo que México ya contabiliza cuatro decesos por este parásito en el transcurso de 2026.

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