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Neoyorquino Zambada apuntala a Moya

Así lo dice La Mont

Por Federico La Mont

Ciudad de México.- Dateline: El próximo 20 de julio quedó marcado como la fecha para la nueva audiencia de sentencia contra Ismael «El Mayo» Zambada. Desde su cinematográfica y aún controvertida captura al norte del Bravo el legendario capo que presumía de jamás ingresar a una cárcel se convirtió en el epicentro de un terremoto político cuyas réplicas sacuden las estructuras más altas del poder en México.

Esta comparecencia no es un trámite más, sino preludio del desmantelamiento de una red de complicidades que operó con impunidad durante más de cuatro décadas en el noroeste del país, consolidando la caída del último patriarca del narcotráfico tradicional.

Confesión: Las declaraciones ofrecidas por el capo tanto a través de las cartas públicas difundidas por su defensa como en sus comparecencias ante las cortes de Estados Unidos, cayeron como una bomba sobre la administración del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya. Si bien el ex mandatario negó cualquier vínculo y hasta presentó pruebas de un supuesto viaje a Los Ángeles el día de la captura, el testimonio del Mayo hundió su credibilidad y lo colocó en una posición insostenible.

Zambada afirmó sin titubeos que el día de su secuestro asistiría a una reunión pactada con el propio Rocha Moya para mediar en un conflicto político, una revelación que desató una crisis de legitimidad sin precedentes en Sinaloa, convirtiendo los rumores en una investigación formal de la Fiscalía General de la República.

Respaldo: Esta presunta cercanía no es un hecho aislado, sino continuidad de un largo historial de patrocinio político que el líder criminal tejió a lo largo de su carrera. De acuerdo con las informaciones y filtraciones derivadas de los procesos judiciales en México y Estados Unidos, el Mayo Zambada respaldado o mantenido acuerdos de no agresión y apoyo financiero con al menos cuatro gobernadores consecutivos de Sinaloa, abarcando diferentes periodos constitucionales.

Para el capo, el control del estado natal no requería de la fuerza bruta, sino de una diplomacia criminal que garantizara que, sin importar el partido político en el poder, las carreteras, los puertos y las corporaciones policiales locales operaran siempre a favor de su organización, comprando una paz ficticia a cambio de impunidad total.

Su finalidad: El eslabón más trágico de esta cadena de complicidades quedó en evidencia al revelarse la verdadera naturaleza de su relación con Héctor Melesio Cuen Ojeda, el exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa y diputado federal electo, quien fue asesinado el mismo día del secuestro del Mayo. Lejos de las versiones oficiales iniciales que apuntaban a un intento de asalto en una gasolinera, Zambada aclaró que Cuen era un amigo cercano de muchos años y un aliado político clave en el estado.

El encuentro fatal del 25 de julio de 2024 tenía como objetivo principal resolver una disputa frontal entre Cuen y el gobernador Rocha Moya por el control de la universidad sinaloense, lo que demuestra que el Mayo fungía como el verdadero árbitro de la vida pública y política de la región.

!MI lucha!: El poderío que permitía a Zambada sentar en la misma mesa a gobernadores y líderes políticos emanaba de un control territorial indiscutible, cuyas zonas de influencia principales se arraigaban en el Valle de Culiacán, la zona sur de Sinaloa, y puntos estratégicos en Durango, Zacatecas y Baja California, indispensables para el flujo de fentanilo y cocaína hacia la frontera norte. Sin embargo, este imperio pacífico comenzó a resquebrajarse debido a la feroz rivalidad con la facción de Los Chapitos, los hijos de su antiguo socio Joaquín «El Chapo» Guzmán.

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Mientras el Mayo representaba la vieja escuela del narco, basada en el perfil bajo, los pactos políticos y el orden comunitario, «la chapiza» impuso un estilo violento, caótico y rapaz, obsesionado con el control absoluto del negocio. Esta pugna generacional e ideológica culminó en la traición perpetrada por Joaquín Guzmán López, quien entregó al Mayo a las autoridades estadounidenses, sellando la ruptura definitiva del Cartel de Sinaloa y desatando una guerra civil en las calles que ha dejó al descubierto que la estabilidad sinaloense siempre dependió de la voluntad de un solo hombre que hoy espera su destino en una celda de Brooklyn.

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