PULSO
Por Eduardo Meraz
Ciudad de México.- Entre los políticos mexicanos, los fantasmas no son metáforas gratuitas: son presencias que recorren los pasillos del poder, susurrando descalabros pasados y temores futuros. Las adelantadísimas campañas de morenitas para el 2027, tienen como propósito exorcisar al fantasma de la derrota en las elecciones intermedias.
Ese espíritu chocarrero recorre Palacio Nacional, causando insomnio a los habitantes del histórico lugar y no pocos temblores en los ánimos del oficialismo todo.
Miedos y sobresaltos se expresan entre los integrantes más connotados del cuatroteísmo, por lo cual no es de extrañar ver a los fieles del cuatroteísmo obligados a persignarse con fervor casi místico.
Cómo bien señala Willie Colón, los del partido guinda y sus aliados, quisieran olvidar lo siguiente:
“Yo creo en muchas cosas que no he visto
Y ustedes también, lo sé
No se puede negar la existencia de algo palpado
Por más etéreo que sea”.
Por eso la prisa de reuniones, asambleas, eventos para buscar acercarse nuevamente, al menos, a los supuestos 12 millones de afiliados, casi en su totalidad beneficiarios de la devolución de impuestos -los mal llamados programas sociales.
Llevar a cabo 2,600 encuentros previos al inicio formal de las campañas, pone al descubierto, no la fortaleza del movimiento, sino la necesidad urgente de dorar la píldora al electorado, presentando una versión, región 4T, de “Un mundo feliz», antes de que la realidad -el auténtico, verdadero, único derecho de réplica- desmienta y desmitifique a la 4T.
A diferencia de la óptica monocromática gubernamental de lo que consideran pueblo, las visiones de la sociedad en su conjunto, en realidad son un mundo en technicolor, mucho más allá del oscuro guinda, sin brillo.
Las inclemencias políticas veraniegas a las cuales debe hacer frente la presidenta Sheinbaum, tanto de parte del presidente Donald Trump como del habitante de “La Chingada”, -ambos presumiendo su daltonismo ideológico- han despertado si no a los demonios del Edén, sí a los fantasmas de la democracia.
Ante esa aparición fantasmagórica y libertaria, en los pasillos suntuosos del palacete virreinal, seguramente escuchan:
Oh, qué será, qué será
Que anda suspirando por las alcobas
Que se oye susurrando en versos de trova
Que anda combinándonos preguntas locas
Que anda en las cabezas, anda en las bocas
Que anda ascendiendo por hartos huecos
Que están hablando alto en la bodega
Y grita en el mercado, ¿qué cosa es esa?
Y para tomar distancia de esas ideas pecaminosas de ser una república democrática, el cuatroteísmo ha sacado del sarcófago y olor penetrante a naftalina el concepto de soberanía, cuando la mayoría de sus necesidades energéticas, alimenticias, financieras y tecnológicas dependen del exterior.
Sin embargo, el guinda, de una sola tonalidad opaca, pretende cubrir un país que en realidad es diverso, contradictorio, y mucho más vibrante que la paleta reducida del oficialismo, que insiste en seguir proyectando la sombra de López Obrador sobre la vida pública.
En los prolegómenos de una justa mundial, despiertan los fantasmas de la democracia: esas voces que preguntan, incomodan, se filtran por las rendijas del discurso oficial y recuerdan que la república no es propiedad de un partido ni de un caudillo.
El exorcismo electoral, entonces, no es únicamente un combate contra la oposición, sino contra los propios demonios internos: la tentación del autoritarismo, la soberbia de creerse indispensables y la incapacidad de reconocer que la sociedad es más amplia que el “pueblo”.
Los fantasmas recorriendo Palacio Nacional no son enemigos externos, sino las sombras de las promesas incumplidas, de las contradicciones entre discurso y realidad.
En este contexto, las campañas adelantadas son un intento de conjuro: se busca llenar plazas, saturar medios, repetir consignas, como si la repetición pudiera borrar la memoria, negándose a aceptar que la soberanía no se decreta, se construye, que la democracia no se exorciza, se ejerce.
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Además, los fantasmas de la democracia no se espantan con rezos ni con mítines, a sabiendas de que esos supuestos espectros son los ciudadanos, quienes tienen el auténtico derecho de réplica.
He dicho-
EFECTO DOMINÓ
Dice la presidenta Claudia Sheinbaum que “quieren que aceptemos que la justicia no se haga en México, sino se haga en otro país”.
Entonces, ¿cómo entender el envío de 92 capos, inclusive ya recluidos en nuestro país?








