columna

”Che” Morena

Pulso

Por Eduardo Meraz

Ciudad de México.- Quién lo dijera: ahora resulta clara y evidente la similitud entre la vanidad de los argentinos y la presunta supremacía de Morena, pues cada día nos hacen saber ser individuos “sencillitos y carismáticos”, por lo cual cualquier crítica hacia ellos es por envidia o coraje.

Ambos, sin embargo, comparten un mismo gesto: sentirse incomprendidos, perseguidos, víctimas de una animadversión que, según ellos, se explica únicamente por la envidia.

A punto de la lágrima, ambos grupos exclaman a la menor oportunidad: “nadie me quiere, todos me odian”.

Esa animadversión ganada a pulso y refrendada día con día, muestra su profunda egolatría, sin importar si se es de “extrema o ultra derecha” o de “extrema o izquierda terrorista”. Al final los extremos se tocan y se confunden.

Así, no podríamos saber a ciencia cierta la diferencia entre el morenismo argentinizado o la argetinización del morenismo, salvo que en ambos casos su integrantes han ser de una sensibilidad mayúscula, de piel muy frágil cuando se trata de ellos.

En cambio, cuando se trata de los adversarios u opositores morenistas y un bueno número de argentinos se transforman y adquieren una personalidad profundamente gandalla, ventajosa, tratando de obtener el triunfo a cualquier costo, sin importar leyes ni civilidad.

Y es que la fragilidad de piel, esa incapacidad para aceptar la crítica sin convertirla en afrenta, se ha vuelto su marca registrada.

Las ambiciones de triunfos ya sean electorales, políticos o deportivos los han convertido en gente profundamente canchera, marrullera; si ganan son burlones y se sienten superior a cualquiera; si pierden, lloran, acusan con o sin argumentos y se victimizan hasta la ignominia.

Ya sea de manera abierta o soterrada, argentinos -no todos- y morenistas, buscan llegar a las competencias con ventajas selladas con antelación y según el avance en metas y propósitos pueden flexibilizar o endurecer las condiciones.

Y si usted duda de este “paralelismo”, baste recordar lo acontecido en las elecciones federales de 2024 y las judiciales en 2025 en México, con el derrotero seguido por la selección argentina de futbol para llegar a la final de la copa mundial 2026, donde la inclinación arbitral fue determinante en el resultado final.

En el caso mexicano, las campañas adelantadas, el gasto incontrolable en ellas, el apoyo infinito del oficialismo y de grupos de poder fáctico en especial empresarios y crimen organizado, uso de programas sociales, etcétera. En extremis, se cuenta con acordeones y algoritmos.

Y aún así, apenas vislumbran cuestionamientos leves a su forma de gobernar, los cuatroteístas claman justicia, pies además de incomprendidos, se sienten agredidos y, usan su último recursos puesto de moda: los vendepatrias.

En el caso de Argentina, las trapacerías del seleccionado albicelestes en el mundial 2026, contando con la innegable colaboración de los árbitros y el comportamiento poco deportivo de algunos jugadores, lo cual creo la tendencia mundial de acusar a la FIFA de favorecer a Lionel Messi y a Argentina tras sus triunfos en octavos, cuartos de final y semifinales.

Oleada de opiniones haciendo que el presidente Javier Milei recurrieras a las redes sociales para abordar las críticas de frente, enmarcándolas como una señal de la prominencia de Argentina.

«El problema de Argentina es que nos destacamos. No pasamos desapercibidos, la gente nos tiene envidia y somos buenos en casi todo. Lo siento, pero alguien tenía que decirlo», publicó Milei, añadiendo un desafiante: «¡Viva Argentina, carajo!».

Así, si todo cuestionamiento es envidia, si toda oposición es traición, ¿qué espacio queda para el diálogo, para la autocrítica, para la mejora? La respuesta es clara: ninguno; la vanidad no admite fisuras.

Detrás de esa pose de superioridad se esconde una fragilidad evidente; el llanto fácil, la victimización constante, la necesidad de reafirmar una y otra vez la propia valía, son síntomas de inseguridad más que de grandeza.

Y es ahí donde argentinos y morenistas se encuentran: en esa mezcla de orgullo desbordado y sensibilidad extrema que los hace vulnerables al mismo tiempo que arrogantes.

La vanidad, convertida en política, puede ser tan peligrosa como la corrupción o la violencia, porque impide ver los errores, porque convierte la crítica en enemigo, porque transforma la democracia en un escenario de burlas y llantos, de victorias marrulleras y derrotas victimistas.

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Y es ahí donde argentinos y morenistas se encuentran: en esa mezcla de orgullo desbordado y sensibilidad extrema que los hace vulnerables al mismo tiempo que arrogantes.

He dicho.

EFECTO DOMINÓ

De acuerdo con La Coparmex, entre enero y junio se generaron 262 mil 628 empleos formales registrados ante el IMSS, una cifra muy por debajo de los aproximadamente 600 mil empleos que debieron crearse en ese mismo periodo para mantener el ritmo necesario hacia una meta anual cercana a 1.2 millones de nuevos puestos formales.

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