El Área Natural Protegida de 12 hectáreas atraviesa una nueva etapa de rehabilitación impulsada por el gobierno estatal y la UAEM
Cuernavaca, Morelos.— A poco más de tres kilómetros del bullicioso Centro Histórico de Cuernavaca, existe un refugio donde el tiempo parece medirse por el caudal del manantial y no por el reloj. Se trata del Parque Estatal Urbano Barranca de Chapultepec, un espacio de aproximadamente 12 hectáreas que, desde su apertura en 1931, ha sido testigo y protagonista de la historia recreativa y ambiental de la capital morelense.





Sin embargo, su historia no ha sido lineal. Tras décadas de esplendor, el parque sufrió un profundo deterioro durante los años noventa, cuando bajo el nombre de “Jungla Mágica” se intentó convertirlo en un parque de diversiones, proyecto que fracasó y dejó graves secuelas ambientales. No fue sino hasta 2003 cuando, tras una profunda remediación, reabrió como Parque Ecológico, y en 2015 obtuvo su declaratoria como Área Natural Protegida (ANP).
Hoy, este pulmón verde—que alberga ahuehuetes y ceibas de hasta 250 años y cuyas aguas provienen del Corredor Biológico del Chichinautzin— se encuentra en una nueva encrucijada: la de su revitalización integral.
Un renacer con alas propias
El pasado mes de marzo, la gobernadora Margarita González Saravia entregó la rehabilitación de dos de los espacios más queridos por los visitantes: el mariposario y el iguanario. Estas instalaciones, cuya recuperación fue asesorada técnicamente por especialistas de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), no solo buscan ofrecer un espectáculo visual, sino consolidar al parque como un corredor biológico y educativo de primer nivel.
Durante el festival “Alas de Primavera”, se realizó la liberación de mariposas criadas en el propio parque y se integraron plantas polinizadoras producidas en viveros estatales, como lavanda y mirtos. “Hemos trabajado para darle una nueva visión a este parque icónico, porque es un espacio de todas y todos”, declaró la mandataria durante el evento, subrayando la importancia de estas “islas vivas” para la biodiversidad local.
A esta renovación se suma la reapertura de la Galería Primavera, un espacio antes en desuso que ahora funge como recinto artístico y cultural.
Un oasis bajo presión
A pesar de las buenas noticias, el parque enfrenta desafíos propios de su éxito. El incremento del 10 por ciento en la afluencia de visitantes en los últimos meses ha reactivado la economía local, pero también ha puesto presión sobre la infraestructura. Consciente de ello, el gobierno estatal firmó recientemente un convenio con el ayuntamiento de Cuernavaca para el saneamiento de las barrancas, que incluye la instalación de cámaras trampa para monitorear la fauna silvestre y programas de educación ambiental con la UAEM.
Para el visitante promedio, la experiencia sigue siendo accesible: la entrada cuesta 10 pesos general y 3 pesos para locales y estudiantes, con un horario de 06:00 a 17:00 horas. En su interior, además de los atractivos ya mencionados, se puede disfrutar de un aviario, un orquideario, zonas de juegos infantiles y una oferta gastronómica variada.
Con una inversión que combina recursos estatales, el Fondo Verde y el trabajo científico de la UAEM, el Parque Chapultepec busca dejar atrás el fantasma de la “Jungla Mágica” para consolidarse, definitivamente, como lo que siempre debió ser: el corazón verde de Cuernavaca.
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