columna

Sin salud

Pulso

Eduardo Meraz

Después de más de un sexenio de desabasto de medicamentos, los males del sector salud en México sigue mostrando síntomas de una enfermedad crónica, perniciosa y, al parecer incurable: la corrupción en las instituciones sanitarias del país, poco importando las condiciones de vida de los mexicanos.

Desde la administración del ahora ex presidente sin nombre y sin palabra, quien prometió un sistema en este campo incluso superior al existente en Dinamarca, fue el mal aprendiz de mago y destruyó esquemas de abasto y distribución medianamente funcionales, con tal de suplir a los presuntos corruptos de antes por los corruptos del cuatroteísmo.

El fracaso del Instituto Nacional de Salud del Bienestar, el malogrado, casi no nato Insabi, luego de haber pagado miles de millones de pesos por medicamentos e insumos que nunca llegaron a su destino, hubo de desaparecerlo para evitar auditorias delatoras de los desfalcos cometidos.

Además de eso, el fracaso de sus mecanismos de vacunación, en particular durante la pandemia de Covid-19, se sumó a los subejercicios en las dependencias del sector salud, obligando a los estados a realizar compras por su cuenta, a precios más caros y con la intermediación de familiares y amigos beneficiosos.

Además de los problemas de Cofepris y Birmex para poder ,concretar una compra consolidada de medicamentos y una licitación pública pulcra, hoy nos enteramos, por boca del secretario de Salud, David Kershenobich que el caso de medicamentos caducados en el Hospital Infantil de México comprende una cifra aproximada de fármacos afectados son 18.4 millones de piezas con un valor superior a 121 millones de pesos.

Por si fuera poco, la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno informó hoy que logró la vinculación a proceso penal de cuatro personas servidoras públicas y un particular, por su presunta participación en la firma irregular de contratos en el Centro Médico Nacional «20 de Noviembre», por un monto de 11 millones 147 mil 692 pesos.

Así, durante los gobiernos supuestamente transformadores, la “insalubridad moral” de sus principales funcionarios y legisladores no sólo causan escozor en la sociedad, sino motivo de vergüenza a nivel internacional, atonía económica y absolutismo político-electoral.

Redaccion

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