El México resistió la reacción jalisciense en las últimas entradas
La noche en el Estadio Alfredo Harp Helú tuvo todos los ingredientes de un clásico beisbolero capitalino: dramatismo, batazos oportunos y un cierre de alarido.






El batazo que encendió la tribuna
Cuando el marcador estaba 5-3 y la tensión flotaba en el aire, Carlos Pérez se paró en la caja de bateo. Al primer lanzamiento, conectó un sencillo al jardín izquierdo que permitió a Jon Singleton llegar al plato. Esa carrera, la sexta de los Diablos Rojos del México, fue celebrada como si se tratara de un jonrón: los aficionados levantaron los brazos, las cornetas sonaron y la ola recorrió las gradas.
El susto de los Charros
Los visitantes no se rindieron. En la octava entrada, dos cañonazos solitarios de Jared Walsh y Kyle Garlick pusieron el marcador 6-5. El público contuvo la respiración en la novena, cuando Billy Hamilton se colocó en segunda y parecía que el empate estaba a punto de caer. Pero el japonés Tomohiro Anraku, con la serenidad de un samurái, dominó a Allen Córdoba con un elevado que selló la victoria.
Ambiente en el “Diamante de Fuego”
El estadio vibró desde el primer inning, cuando los Diablos armaron un rally de tres carreras. Los 15 hits del México fueron coreados como si cada uno fuera decisivo. Luis Liberato y Singleton se robaron aplausos con sus tres imparables, mientras que Juan Carlos Gamboa, único en irse en blanco, recibió el apoyo de la afición con gritos de “¡la próxima, Gamboa!”.
Castellanos brilló en la loma
El abridor Humberto Castellanos trabajó 4.2 entradas, permitió tres imparables, recibió dos carreras, otorgó una base por bolas y recetó ocho ponches en su primera apertura de la temporada en el llamado Diamante de Fuego. Aunque salió sin decisión, dejó encaminado al equipo hacia la victoria.
El triunfo fue para JC Mejía, mientras que el bullpen integrado por Stephen Nogosek, Jimmy Yacabos, Gerardo Reyes y Tomohiro Anraku logró preservar la ventaja en los innings finales.










