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Así lo dice La Mont

Vulnerables vs Amenaza pandémica

Advertencia: La Organización Mundial de la Salud y su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus emitieron alertas continuas sobre la inminencia de una nueva crisis sanitaria global, advirtiendo que el surgimiento de una próxima pandemia no es una posibilidad remota, sino una certeza temporal.

En los foros internacionales de salud se reitera que el mundo sigue sin prepararse para las amenazas biológicas potencialmente más letales que el SARS-CoV-2. Dentro del catálogo de riesgos se vigilan con atención patógenos con alto potencial de letalidad y mutación, como las variantes de influenza aviar altamente patógena, los arenavirus y los hantavirus, cuyos mecanismos de transmisión zoonótica se aceleran debido al cambio climático y la invasión de ecosistemas naturales.

Aunque brotes recientes de filovirus relacionados con el Ébola, como el virus de Marburg en diversas regiones de África, lograron ser contenidos con mayor velocidad gracias a la experiencia acumulada, el riesgo del retorno de estas fiebres hemorrágicas con un alcance internacional permanece latente si fallan los mecanismos de vigilancia genómica y el intercambio global de datos biológicos.

Siglo de terror: Esta constante amenaza global plantea serios desafíos para las naciones en desarrollo, particularmente para México, donde la infraestructura sanitaria arrastra deficiencias estructurales acumuladas durante décadas. La degradación y centralización de los servicios de salud pública limitan severamente la capacidad de respuesta oportuna ante brotes epidemiológicos inusuales.

El desabasto crónico de medicamentos, la insuficiencia de camas de terapia intensiva y la falta de equipos de laboratorio de alta especialización en las regiones más vulnerables del país configuran un escenario de alta fragilidad. Ante la llegada de patógenos con tasas de letalidad superiores a las de enfermedades respiratorias comunes, como los virus hemorrágicos o cepas agresivas de hantavirus, las deficiencias operativas de nuestro sistema público podrían traducirse en una rápida saturación hospitalaria y en una desatención de las patologías crónicas preexistentes, reeditando dinámicas de exclusión y vulnerabilidad social.

El impacto real de una emergencia sanitaria en este entorno quedó de manifiesto durante la crisis del COVID-19, donde las cifras oficiales iniciales de defunciones, que se situaron en poco más de 334,000 muertes confirmadas por pruebas de laboratorio, resultaron insuficientes para reflejar la magnitud de la tragedia. Los análisis posteriores basados en las metodologías oficiales de exceso de mortalidad general revelaron que la cifra real de pérdidas humanas vinculadas directa o indirectamente a la pandemia superó los 650,000 fallecimientos.

Este desfase estadístico evidenció las limitaciones operativas para realizar pruebas de diagnóstico masivas, así como el colapso indirecto de los servicios de atención para enfermedades metabólicas y cardiovasculares que no pudieron ser tratadas debido a la obligada reconversión hospitalaria. Para responder ante un nuevo escenario pandémico con características de mayor letalidad, la estrategia nacional requiere una transformación profunda que abandone la improvisación y se concentre en la resiliencia.

La preparación efectiva depende del fortalecimiento inmediato de la Red Nacional de Laboratorios de Salud Pública y del Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos, garantizando capacidades de secuenciación genética descentralizadas que permitan detectar variantes y patógenos nativos o importados en tiempo real. Asimismo, resulta indispensable diseñar esquemas de financiamiento público sostenibles para asegurar inventarios estratégicos de equipo de protección personal, reactivos de diagnóstico y tratamientos avanzados, evitando la dependencia absoluta de los mercados internacionales.

La gestión de futuras crisis sanitarias exigirá una coordinación técnica y científica unificada, alejada de criterios políticos, que priorice la atención primaria de la salud, la transparencia absoluta en la difusión de datos epidemiológicos y la protección irrestricta del personal sanitario como primera línea de defensa nacional.

Redaccion

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