Por: Redacción
El barril de crudo aumentó un 40% tras el cierre del Estrecho de Ormuz y los ataques masivos contra instalaciones energéticas en Irán e Israel.
El conflicto en Medio Oriente ha escalado hacia una fase de confrontación directa contra infraestructuras energéticas estratégicas. Las fuerzas de Estados Unidos e Israel ejecutaron ataques aéreos contra el campo de gas Pars Sur y objetivos en el norte de Irán, impactando severamente la capacidad de producción del país. Como represalia, Irán dirigió misiles y drones hacia la refinería de Haifa en Israel e instalaciones petroleras en Qatar, Kuwait y Arabia Saudita, lo que ha generado interrupciones en el suministro global de combustibles.
El Estrecho de Ormuz se mantiene bajo un cierre de facto, provocando que el precio del barril de petróleo supere la barrera de los 100 dólares. Esta cifra representa un incremento superior al 40% desde el inicio de las hostilidades el pasado 28 de febrero. Ante la magnitud de la crisis, la Agencia Internacional de Energía (AIE) estima que la interrupción afectará a más de 600 millones de barriles de crudo solo durante este mes, obligando a un bloque de 32 naciones a liberar reservas estratégicas de manera histórica para intentar estabilizar los mercados.
En el ámbito diplomático, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, emitió un llamado urgente al cese de hostilidades. La Unión Europea, a través de líderes como Emmanuel Macron y Pedro Sánchez, ha solicitado una moratoria inmediata a los ataques contra infraestructura civil. En España, la gravedad de la situación financiera derivada de la crisis energética ha llevado a la suspensión de los Presupuestos Generales del Estado, reflejando el impacto económico directo en las administraciones occidentales.
Las perspectivas a corto plazo sugieren una prolongación del conflicto. El Pentágono solicitó una partida extraordinaria de 200,000 millones de dólares para financiar la continuidad de las operaciones militares en la región. Mientras tanto, las autoridades iraníes advirtieron que las represalias continuarán contra puertos y refinerías en el Golfo Pérsico, manteniendo a la comunidad internacional en estado de alerta máxima ante la posibilidad de una guerra regional total y una recesión económica global.










