El gobierno de Díaz Ordaz reprimió el movimiento estudiantil 10 días antes de los Juegos Olímpicos. El número de víctimas nunca se estableció oficialmente. En 2024, el Estado reconoció el crimen.
Ciudad de México.— Cada 2 de octubre, las calles de la Ciudad de México y diversas instituciones del país reviven la consigna “¡2 de octubre no se olvida!”. La fecha conmemora la matanza en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, ocurrida en 1968, un acontecimiento represivo que transformó la vida política, social y cultural del México contemporáneo.
El origen del conflicto: el movimiento estudiantil de 1968
Entre julio y octubre de 1968, México vivió una movilización social encabezada por jóvenes universitarios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y otras instituciones reunidas en el Consejo Nacional de Huelga (CNH).
El pliego petitorio del movimiento, entregado el 4 de agosto de 1968, exigía seis demandas fundamentales para la época:
- Libertad a los presos políticos detenidos durante las protestas.
- Destitución de los jefes policiacos involucrados en la represión, entre ellos Luis Cueto Ramírez, Raúl Mendiolea y Armando Frías.
- Disolución del cuerpo de Granaderos, fuerza represiva del gobierno capitalino.
- Derogación del artículo 145 y 145 bis del Código Penal Federal (delito de “disolución social”).
- Indemnización a las familias de las víctimas de agresiones previas.
- Deslinde de responsabilidades de los funcionarios implicados en los actos de violencia estatal.
El contexto estaba marcado por la proximidad de los Juegos Olímpicos de México 1968, evento con el que el gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz buscaba proyectar una imagen internacional de estabilidad y modernización.
Los hechos en la Plaza de las Tres Culturas
La tarde del 2 de octubre de 1968, cerca de 10,000 personas se congregaron de forma pacífica en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco. Alrededor de las 18:10 horas, dos luces de bengala rojas lanzadas desde un helicóptero marcaron el inicio del operativo militar y policiaco conocido como la Operación Galeana, planeado por Díaz Ordaz, el secretario de Gobernación Luis Echeverría, el general Marcelino García Barragán y el jefe de la DFS, Fernando Gutiérrez Barrios, entre otros.
El batallón paramilitar denominado Batallón Olimpia, cuyos integrantes vestían de civil con un guante o pañuelo blanco en la mano izquierda, abrió fuego desde los edificios circundantes contra la multitud y contra el propio Ejército Mexicano para simular un enfrentamiento. Su misión era infiltrarse en la manifestación y detener a los líderes del CNH.
La intervención provocó una masacre. Tras los hechos, alrededor de 1,000 a 1,043 personas fueron detenidas; algunas fueron trasladadas al Campo Militar Número 1.
La cifra que nunca se confirmó
El número de víctimas mortales nunca se estableció oficialmente. El gobierno de Díaz Ordaz habló de entre 20 y 32 personas fallecidas. Sin embargo, esa cifra proviene de dos listas internas inconsistentes de la propia Dirección Federal de Seguridad (DFS): una con 26 nombres, otra con 32. Los periódicos nacionales del día siguiente, citando datos oficiales, reportaron entre 20 y 29 civiles muertos.
Una de las razones de la inconsistencia es cómo se emitieron las actas de defunción. Archivos históricos muestran que muchos cuerpos fueron retirados por el Ejército en camiones sin identificación y su destino nunca se registró. Un oficial que participó en el operativo reconoció años después: “Los muertos fueron subidos a ocho o nueve camiones sin identificación… nunca me informaron el destino”.
Las estimaciones independientes difieren enormemente:
- Testimonios de testigos: El padre de Gilberto Reynoso Ortiz, una de las víctimas, contó 121 cuerpos mientras buscaba a su hijo. Un camarógrafo de la Secretaría de Gobernación estimó haber visto entre 200 y 300 cadáveres.
- El CNH: En un volante emitido tras los hechos, habló primero de 40 muertos; al final de la noche, testigos en el edificio Chihuahua estimaron alrededor de 150 fallecidos en la plaza.
- La embajada de Estados Unidos en México: Documentos desclasificados indican que calculó entre 150 y 200 muertos.
- The Guardian: Tras una investigación, concluyó que 325 era la cifra más probable.
- El Senado mexicano: En un debate parlamentario se citaron estimaciones de investigadores que situaban la cifra entre 300 y 500 personas.
- El Archivo General de la Nación (AGN): En 2006, la investigadora Kate Doyle, del National Security Archive, identificó 34 víctimas con nombre y 10 sin identificar a partir de archivos de la DFS y de la extinta Policía Judicial. Sin embargo, aclaró que no era una lista definitiva.
La Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP), creada en 2002, concluyó tras revisar todos los archivos disponibles que no hay evidencia suficiente para establecer una lista definitiva de víctimas.
Trascendencia política y memoria histórica
La relevancia histórica del 2 de octubre radica en los cambios profundos que generó en las décadas posteriores:
- Quiebre del autoritarismo: Desarticuló el mito de la estabilidad y la infalibilidad del régimen del partido único (PRI), exponiendo los límites de la represión estatal frente a la exigencia de libertades civiles.
- Impulso a la transición democrática: Las demandas del 68 impulsaron reformas electorales posteriores en las décadas de 1970, 1980 y 1990 que abrieron paso al pluralismo político, la autonomía universitaria y la creación de organismos de derechos humanos.
- Reconocimiento oficial del crimen de Estado: La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y diversas comisiones de la verdad han catalogado los hechos como violaciones graves a los derechos humanos. No fue sino hasta 2018, 50 años después, que el Estado mexicano reconoció oficialmente los hechos como un crimen de Estado. En 2024, la presidenta Claudia Sheinbaum los calificó por primera vez como crimen de lesa humanidad y ofreció una disculpa pública a las familias.
El 2 de octubre en 2026
A 58 años de la matanza, la fecha sigue vigente. Cada año, estudiantes, colectivos y organizaciones sociales marchan desde la Plaza de las Tres Culturas hacia el Zócalo capitalino para exigir memoria, verdad y justicia. En 2026, la presidenta Sheinbaum reiteró en su conferencia matutina la consigna “2 de octubre no se olvida” y prometió: “Nunca más una represión del Estado a un movimiento social”.
Recordar el 2 de octubre no es únicamente un acto de homenaje a quienes perdieron la vida, sino un recordatorio permanente sobre la importancia de la libertad de expresión, el derecho a la protesta social pacífica y la exigencia continua de justicia social en México.
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