columna

Truth is truth

Pulso

Por Eduardo Meraz

Ciudad de México.- La Verdad es la Verdad, ha señalado el ex embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, y con el mismo sentido la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y el embajador Ronald Johnson acaban de hacer precisiones sobre el caso Ayotzinapa y la incautación de armas con destino a México.

En todos los asuntos, se da a conocer una visión distinta a la mantenida por el oficialismo, lo cual ponen en entredicho las afirmaciones emanadas de Palacio Nacional.

Ante estas circunstancias cabe preguntarnos en dónde se generan las mentiras o medias verdades: ¿son los funcionarios cuatroteístas o de parte de quienes mantienen distancia del edificio virreinal?

En ese sentido, en México, el caso Ayotzinapa ha sido un eclipse prolongado: un suceso que oscureció la conciencia nacional y que, doce años después, sigue proyectando sombras sobre las instituciones.

Estos días, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) ha decidido levantar un nuevo relato, uno que exculpa al Ejército y coloca la responsabilidad en policías municipales y autoridades estatales.

Es decir, la CNDH, presidida por Rosario Piedra Ibarra, en la recomendación 208VG/2026, exoneró a los elementos del Ejército mexicano y asegura que se construyó una “Anti Verdad Histórica” para culpar a la Secretaría de la Defensa Nacional (Defensa).

En este México de tiempos en los cuales la posverdad parece dominar los escenarios, cada uno con su propio dueño. La “verdad histórica” de Jesús Murillo Karam, la “anti verdad histórica” que denuncia la CNDH, la narrativa presidencial que absuelve a las fuerzas armadas, y la verdad de los padres de los 43, que no aceptan ninguna de las anteriores.

¿Cuál de todas es la verdad verdadera?

Lo único cierto es que la narrativa gubernamental busca blindar a las fuerzas armadas, convertidas en columna vertebral de la llamada “transformación”, si bien la verdad no se construye con decretos ni con recomendaciones.

Mientras tanto, en otro frente, la relación con Estados Unidos se tiñe de ironía: el embajador Ronald Johnson informó que se han incautado 50 mil armas y millones de municiones con destino a México; cifra que supera lo realizado por el propio gobierno mexicano.

Mientras aquí se exige a Washington que frene el tráfico de armas, allá se muestran resultados que exhibe el desconocimiento de nuestras instituciones.

Y como si la trama no tuviera suficientes giros, aparece el episodio de Ismael Zambada. El gobierno de Claudia Sheinbaum insiste en que Estados Unidos aclare la “extracción” del capo, ocurrida el 25 de julio de 2024.

Dos días después, el gobierno mexicano entregó la primera remesa de criminales, sin apego a lo dispuesto por las leyes. ¿Coincidencia? ¿Acuerdo tácito? ¿O simplemente otra verdad que se oculta bajo el manto de la diplomacia?
Sobre el secuestro de El Mayo Zambada, el exembajador en México dijo que el caso era una investigación que conducían el fiscal general Alejandro Gertz Manero y su equipo, mientras que el entonces fiscal estadounidense, Merrick Garland, y la embajada de Estados Unidos en México ofrecieron cooperación.

En apego a esa cooperación, dijo el exdiplomático, la fiscalía estadounidense permitió, como medida “extraordinaria”, que un equipo de la FGR revisara toda la evidencia, incluida la aeronave, en el aeropuerto donde aterrizó Joaquín Guzmán López con Ismael «El Mayo» Zambada, quien presuntamente había sido secuestrado.

La verdad, decía Octavio Paz, no se impone: se descubre; sin embargo en México, la verdad se administra, se dosifica, se acomoda según las necesidades políticas.

Truth is truth, insiste Ken Salazar, lo cual es válido para sus compatriotas, pero en México la verdad es también un campo de batalla; un territorio donde se enfrentan narrativas, intereses y memorias, las posverdades.

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La verdad, como el sol, puede ocultarse tras las nubes, pero nunca deja de existir. En México, hemos vivido en los últimos años un eclipse prolongado, con infinidad de sucesos y explicaciones de los mismos que han oscurecido la conciencia nacional y sigue proyectando sombras sobre las instituciones.

He dicho.

EFECTO DOMINÓ

A manera de Contra-Rayuela, habría que parafrasear el texto del sábado pasado:

“A ver qué países se suman a la trasnochada retórica del cuatroteísmo” -en relación con la extrema derecha.

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