Por: Fernando Dávila
La ceremonia dejó algo más que música: Trump demandó a Trevor Noah tras broma en los Grammy, una reacción que escaló de las redes sociales a los tribunales. El comentario del comediante sudafricano, lanzado en horario estelar, detonó la molestia del presidente de Estados Unidos en medio de un ambiente cargado de mensajes políticos contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).



El chiste que encendió la polémica
Durante la premiación, Noah lanzó un dardo directo hacia Mar-a-Lago. Tras el triunfo de Billie Eilish como canción del año, ironizó sobre el interés de Trump por comprar Groenlandia y lo comparó con la isla vinculada a Jeffrey Epstein.
“Como esa isla ya no existe, necesita una nueva para pasar el rato con Bill Clinton”, remató el presentador ante un público que ya había mostrado su rechazo a las políticas migratorias.
Reacción inmediata desde Truth Social
El comentario tocó una fibra sensible. Trump respondió casi de inmediato en Truth Social, donde calificó la gala como “basura” y llamó a Noah “perdedor patético y sin talento”.
Después anunció que sus abogados prepararían una acción legal por difamación y negó de forma categórica cualquier vínculo con la isla de Epstein. Así tomó forma la demanda de Trump contra Trevor Noah, que convirtió un monólogo de premiación en un caso legal con eco nacional.
Una gala atravesada por la política
La confrontación no surgió en el vacío. La edición 68 de los Grammy se convirtió en una de las más politizadas de la década. Sobre el escenario y en la alfombra roja, varios artistas expresaron su rechazo a las redadas migratorias.
Bad Bunny y Kehlani utilizaron discursos y accesorios —como pines con la leyenda “ICE OUT”— para criticar al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas.
Mientras la industria del entretenimiento defendió la libertad de expresión y su apoyo directo a los migrantes, el entorno político de Trump interpretó el ambiente como un ataque coordinado desde Hollywood.
Del escenario a los tribunales
Lo que empezó como un momento de comedia televisiva ahora avanza como la demanda de Trump contra Trevor Noah, sumándose al historial de litigios del mandatario contra figuras de medios y espectáculos. La conducción de Noah dejó de ser un papel humorístico para convertirse en pieza de un conflicto político con consecuencias legales.
Actualmente, el conductor sudafricano no ha emitido ninguna respuesta ante la acción del mandatario estadounidense, sin embargo, quedó como precedente su frase de despedida en la gala:
«Oh, ya les dije que es mi último año. ¿Qué van a hacer al respecto?». Una respuesta anticipada que sugiere que Noah estaba consciente de que sus palabras traerían consecuencias.
El espectáculo terminó, pero el ruido no bajó con los aplausos. Esta vez, los reflectores no siguieron a los ganadores, sino a una lucha política que eclipsó la noche más importante de la música.










