Por: Gilberto Solorza
El bisonte americano regresó a Coahuila después de más de 160 años lejos del estado. El 30 de noviembre de 2025, un equipo de especialistas liberó 44 ejemplares —38 hembras y 6 machos— en la Reserva Ecológica El Santuario, cerca de Cuatro Ciénegas.


La Fundación Pro Cuatro Ciénegas, el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza, Cuenca Los Ojos A.C. y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas dirigieron el operativo. El personal trasladó a los animales desde el Rancho El Uno, en la Reserva de la Biósfera Janos, Chihuahua, con un proceso de selección y manejo avalado por Semarnat.
El proyecto busca restaurar procesos ecológicos perdidos, recuperar una especie clave para los pastizales del norte y fortalecer la conservación en un valle frágil. También apunta a impulsar el ecoturismo en Cuatro Ciénegas y abrir oportunidades económicas ligadas a la protección del territorio.
Un regreso histórico y el renacer de un ecosistema
La historia del bisonte explica la importancia del regreso. En el siglo XIX, la cacería indiscriminada, la pérdida de pastizales y varias enfermedades casi borraron a la especie del continente. La población cayó de más de 30 millones de ejemplares a poco más de mil alrededor de 1880. México también perdió a sus manadas en estados como Sonora, Chihuahua y Coahuila. Por eso, cada reintroducción actual revive a un “ingeniero de ecosistemas” que revitaliza pastizales, mejora suelos, reduce material inflamable y aporta resistencia frente al cambio climático.
La llegada de los 44 bisontes marca un hito para Coahuila. El operativo reanima un ecosistema que sufrió la extinción local de una especie clave. Los ejemplares pertenecen a una línea genética pura que nació a partir de 23 bisontes de Wind Cave, Dakota del Sur, que llegaron a México en 2009 y formaron la primera manada de conservación del país. Esa población creció de manera constante en Rancho El Uno hasta rebasar los 460 individuos y ahora funciona como fuente principal para nuevas reintroducciones.
Durante el traslado, el personal aplicó evaluaciones sanitarias y de edad, eligió a animales con capacidad reproductiva y supervisó cada etapa desde Janos hasta El Santuario. La Dirección General de Vida Silvestre acompañó el proceso. Una vez libres, los bisontes retomaron su comportamiento natural y activaron su efecto inmediato sobre los pastizales.
La presencia de la manada mejora la infiltración de agua, reduce la acumulación de combustibles naturales, renueva el suelo y fortalece cadenas alimenticias que incluyen especies como el puma y el oso negro. Con ello, el ecosistema recupera funciones que permanecieron inactivas por más de un siglo.
La estrategia regional también conecta paisajes entre Chihuahua y Coahuila. Las organizaciones planean un monitoreo genético continuo para conservar variabilidad, detectar riesgos y ajustar el manejo conforme la población crezca.
Rancho El Uno: la cuna del bisonte mexicano
Rancho El Uno, dentro de la Reserva de la Biósfera Janos, Chihuahua, funciona como el centro de recuperación del bisonte en México. The Nature Conservancy adquirió el sitio en 2005 para transformarlo de un rancho ganadero tradicional en un espacio de restauración ecológica. En 2009, llegaron 23 bisontes genéticamente puros desde Wind Cave, y con ellos inició la primera manada de conservación del país. Más tarde, el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza asumió la gestión del rancho.
El sitio protege más de 18,546 hectáreas de pastizales bajo manejo regenerativo. Personal especializado combina conservación, educación ambiental y producción sostenible. Gracias a este modelo, la población de bisontes creció de forma estable hasta rebasar los 460 ejemplares, lo que permite abastecer proyectos de reintroducción en distintas regiones del norte.
Además del bisonte, el rancho protege especies emblemáticas como el perrito de la pradera cola negra y el águila real. El equipo aplica quemas prescritas para renovar vegetación y reducir riesgos de incendio. También opera como centro de capacitación para productores, organizaciones civiles y académicos interesados en restauración de hábitat.
La experiencia acumulada durante más de una década convirtió al rancho en la principal fuente genética, técnica y logística para recuperar al bisonte en México, incluido su reciente regreso a Coahuila.









