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PULSO

Dar tiempo al tiempo

Eduardo Meraz

El poema ‘Tiempo’, convertido en canción de Renato Leduc, parece ser la apuesta de la administración de Claudia Sheinbaum para tratar de establecer su modelo de país; pero ese dar tiempo al tiempo, es estar perdiendo mucho tiempo.

Estos versos parecen resonar en los pasillos de Palacio Nacional, desde la administración anterior, como telón de fondo a las múltiples misivas pidiendo disculpas o explicaciones a los gobiernos de otros países que nunca llega

Pero ese “dar tiempo al tiempo”, invitación perenne a la paciencia, a la espera de que las cosas se acomoden por sí solas, se ha transformado en una pésima estrategia política.

Tal es el caso de su decisión, después de casi dos años de la entrega o extracción de Ismael Zambada a Estados Unidos, de solicitar a la Fiscalía General de la República indagar si su gobierno puede recuperar parte de la fortuna de quien fuera uno de los principales líderes del Cártel de Sinaloa.

Después de más de cuatro décadas de dedicarse a la venta de drogas, haber sido autor intelectual de centenas de miles de muertes, ya sea en ataques o por consumo de estupefacientes, parece increíble anunciar apenas la indagatoria de tales riquezas.

Es decir, los gobiernos en estas casi cinco décadas, al parecer, han preferido amar a tiempo y no desatarse a tiempo, con tal de recibir los beneficios, ya fuese en efectivo, prebendas o cargos de parte los cárteles más fuertes.

Durante casi cinco decenios, los gobiernos han practicado una suerte de amor a destiempo: amar a tiempo, como dice la canción, pero nunca desatarse a tiempo de los beneficios de vincularse al crimen organizado.

Han recibido ganancias, ya sea en efectivo, en prebendas o en cargos, de los cárteles más poderosos. Y esa complicidad, disfrazada de omisión, ha permitido a las estructuras criminales fortalecerse hasta convertirse en poderes paralelos.

Hoy, cuando El Mayo Zambada ya no tiene tiempo, pues el resto de sus días las pasará tras las rejas, México parece despertar de un largo letargo; un despabilarse, sin duda, tardío, como quien abre los ojos cuando la fiesta ya terminó y sólo quedan las sobras en la mesa.

El gesto de querer recuperar lo perdido suena más a acto simbólico para ocultar pactos o acuerdos, que la búsqueda de una verdadera justicia.

La metáfora del tiempo se vuelve inevitable. El tiempo que se perdió en la lucha contra el narcotráfico es también el tiempo perdido en la construcción de un Estado fuerte, capaz de enfrentar a los poderes fácticos.

Cada minuto de espera fue un minuto ganado por los cárteles, que supieron aprovechar la indecisión y la complicidad para expandir sus redes y, con ello, . hacer del tiempo, ese recurso que nunca se recupera, un aliado de la impunidad.

La administración actual parece apostar por la paciencia como virtud política. Pero la paciencia, cuando se confunde con inacción, se transforma en resignación. Y la resignación es peligrosa en un país donde la violencia ha marcado generaciones enteras.

Dar tiempo al tiempo, en este contexto, es permitir que las heridas sigan abiertas, que las víctimas sigan esperando justicia, que los criminales sigan acumulando poder.

La figura de El Mayo Zambada es emblemática; durante décadas, logró mantenerse en las sombras, esquivando capturas, construyendo alianzas, tejiendo un imperio criminal que sobrevivió a la caída de otros capos.

Su fortuna, producto de la sangre y el dolor, es ahora objeto de disputa. Pero la puja no es sólo por bienes materiales; es también por el relato de quién tiene la autoridad moral para reclamar lo que se perdió.

La respuesta, más allá de lo jurídico, es profundamente simbólica: México parece llegar siempre tarde: tarde a la captura, tarde a la investigación, tarde a la recuperación de bienes; esa tardanza refleja una incapacidad estructural para enfrentar los problemas de raíz.

El tiempo perdido no se recupera, aun cuando queda la sensación de tener una justicia mexicana moviéndose al ritmo de una canción que invita a esperar, cuando lo necesario es actuar.

El país se encuentra en una encrucijada. Seguir dando tiempo al tiempo es seguir perdiendo oportunidades de reconstruir el tejido social, de devolver la confianza a los ciudadanos, de demostrar que el Estado puede ser más fuerte que los poderes criminales y de recuperar el prestigio internacional.

Si se entiende de esta manera, la espera, en este caso y otros muchos casos, deja de ser virtud para convertirse en condena, sobre todo si no se desata a tiempo del pasado reciente.
He dicho.

EFECTO DOMINO

El exdirector de la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM), Rafael Marín Mollinedo, mantuvo una postura de cautela respecto a las investigaciones que involucran al exgobernador de Baja California, Ernesto Ruffo, por su presunta participación en una red de huachicol fiscal.

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