Transformación “no convencional”
Por: Eduardo Meraz
Ciudad de México.- Por como van pintando las cosas, después de año y medio del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, mis dudas sobre la definición del régimen de la 4T, estoy con la duda si es una “transformación no convencional” o un “nazismo no convincente y vergonzante”.
En cualquiera de los casos, la habitante de Palacio Nacional ha hecho de su administración un claro ejemplo de la gobernanza sin convencionalismo y sin convencimiento del rumbo al cual quiere llevar a México; el rumbo del país parece más un mapa trazado con tinta invisible que un proyecto claro.
Por un lado, la visión socialista que se presume como inspiración, heredera de un siglo XX ya oxidado, choca con un mundo hiperconectado, tecnificado y vigilado por un vecino poderoso que nunca deja de meter la nariz en los asuntos nacionales, un vecino poderoso y metiche.
Y por otro la realidad del mercado -totalmente no Palacio, pues ese monstruo que no habita en Palacio Nacional sino en las calles, en las fábricas, en los bolsillos de millones de mexicanos—- y las malas mañas de los principales integrantes del cuatroteísmo, obligan a dar juego a los odiados pero altamente imitables capitalistas, tanto domésticos como foráneos, se les imita, se les corteja, se les necesita.
Así, el “Estado bienestador” que se presume en discursos se queda lejos de ser un verdadero Estado benefactor.
Entonces, la conjunción de totalitarismo con capitalismo de cuates y de cuotas, se semeja demasiado al nacional socialismo alemán o italiano de la primera mitad del siglo 20, donde la preminencia de las fuerzas armadas no se limitaba a cuestiones de seguridad nacional e interior, sino también una creciente participación en actividades productivas, en exclusiva o de manera mixta con hombres de negocio afines.
El sector nuevo en la ecuación es el crimen organizado, responsable de el crecimiento exponencial de la corrupción y “malandrería” de los funcionarios públicos guinda e hijos putativos.
Pero hay un ingrediente nuevo en esta ecuación mexicana: el crimen organizado, cuya sombra se extiende sobre la política, la economía y la vida cotidiana; es el gran distorsionador, que multiplica la corrupción y la “malandrería” de funcionarios públicos que visten de guinda pero actúan como hijos putativos de la impunidad.
Y es justamente este elemento distorsionador la causa principal de no poder hablar de un “Estado benefactor” para explicar el presunto y pretendido cambio de régimen transformador en una cuarta edición, pues en el fondo la 4T es el cúmulo al cubo de malas prácticas y marrullerías de los gobiernos posrevolucionarios.
La decisión presidencial de aceptar el fracking como método para obtener energéticos es quizá la piedra de toque y de quiebre de esta transformación “no convencional”, pues López Obrador había hecho de su rechazo a esta técnica un símbolo de su economía moral.
Pero la urgencia de recursos frescos, la deuda que amenaza con superar los 20 billones de pesos al final de 2026 y la necesidad de mantener los programas sociales —esa devolución de impuestos disfrazada de justicia redistributiva— han obligado a Sheinbaum a romper con la ortodoxia de su antecesor.
El gesto no es menor. Se produce justo después de un encuentro con el presidente de BlackRock, Larry Flink, el mayor inversor mundial, y en medio de rumores sobre el activismo político del refugiado en Palenque, que no parece resignarse a dejar de ser protagonista.
La fractura hidráulica, más allá de su dimensión técnica, se convierte en metáfora política: un quiebre con el mentor, una señal de independencia, un acto de afirmación del bastón de mando.
La presidenta, comandante de las fuerzas armadas, parece decir con esta decisión que el tiempo de tutelajes ha terminado; que la transformación, si ha de continuar, será bajo su sello, con sus contradicciones y sus riesgos.
Pero también con sus concesiones al capital internacional, con sus pactos incómodos y con sus silencios frente al crimen organizado.
Esta decisión, va en sentido contrario a la decisión de López Obrador de oponerse a utilizar este sistema para la obtención de petróleo y gas. Pero el tiradero que dejó en el país, han obligado a Sheinbaum Pardo a optar por esta medida.
El fracking, más que una técnica energética, es símbolo de la fractura política que se avecina; la deuda, más que una cifra, es el recordatorio de que los recursos no son infinitos; y los programas sociales, más que un gesto de justicia, son la herramienta política que mantiene viva la narrativa del bienestar.
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En este escenario, la pregunta inicial vuelve con fuerza: ¿transformación no convencional o nazismo vergonzante? Tal vez la respuesta sea que la 4T es ambas cosas y ninguna; en el mejor de los casos es un régimen híbrido en construcción que se alimenta y se devora de sus propias contradicciones.
He dicho.
EFECTO DOMINÓ
México no ha logrado cerrar la amplia brecha del ingreso per cápita con las economías más avanzadas de la OCDE, en un entorno de productividad estancada, fuertes diferencias regionales, alta informalidad y una baja participación laboral, especialmente entre las mujeres, señaló hoy el organismo.








