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Eduardo Meraz

Apariciones y desaparecidos

Por: Eduardo Meraz

Por esas coincidencias extrañas de la vida, mientras el gobierno mexicano hace magia verbal por desvanecer desaparecidos, por distintas partes del país hay apariciones, casi diarias, de fosas clandestinas.

Con ello se reconfirma la verdad: el territorio mexicano es un gigantesco cementerio, una fosa común de inmensas proporciones, con autoridades nadando de a muertito, como lo certifican los comunicados de Gobernación, Relaciones Exteriores y la CNDH.

México es un territorio donde la memoria se escribe con ausencias, y mientras los discursos oficiales intentan maquillar cifras y transformar la tragedia en un problema semántico, la realidad se impone con crudeza.

La aparición de innumerables cementerios clandestinos y los alrededor de 83 mil cuerpos en instalaciones forenses, dónde el olor de la descomposición de restos y funcionarios se empieza a volver irrespirable, es el aroma de la putrefacción de la impunidad.

Por eso, desde Palacio Nacional promueven se hable mayormente de “las piernas del balcón”, en vez de los 17 mil desaparecidos durante la presente administración; ese es el otro refugio de la infodemia oficialista.

Esa retórica palaciega busca esconder la verdad: decenas de miles de desaparecidos, más de 83 mil cuerpos sin identificar en morgues y servicios forenses, y un país que se ha convertido en un gigantesco camposanto.

Pero las palabras no sepultan huesos y las fosas clandestinas siguen apareciendo en distintos puntos del país, como si la tierra misma se rebelara contra el silencio.

Cada hallazgo es un recordatorio de que la violencia no se ha ido, de que la guerra no declarada continúa, y de que los muertos y desaparecidos no son cifras abstractas, sino vidas truncadas, familias desgarradas, comunidades enteras enlutadas.

De acuerdo con algunos investigadores y especialistas, los “ausentes” y no localizados en año y medio del segundo piso transformador, son una cifra similar a la del sexenio de Felipe Calderón.

De continúa el mismo ritmo de desaparecidos, superará con creces los 52 mil estimados durante la administración de López Obrador. Y si bien no puede hablarse de desaparición forzada en sentido estricto -realizada por instituciones gubernamentales-, eso no significa el menosprecio hacia la vida de los miembros de la sociedad e impunidad para los ejecutores.

México es hoy un país donde la tierra guarda más secretos que los archivos oficiales; también donde las fosas clandestinas son la cartografía de la violencia: puntos dispersos que, al conectarse, dibujan un mapa de horror: cada fosa es una historia interrumpida, una familia que busca, una comunidad que llora.

Los 83 mil cuerpos en instalaciones forenses son la evidencia más contundente de un sistema colapsado, pues no se trata sólo de cifras; se trata de la incapacidad institucional para identificar, para entregar, para cerrar duelos y los cuerpos se acumulan como si fueran objetos, en tanto el olor de la descomposición se mezcla con el hedor de la burocracia.

Cada desaparecido es un recordatorio de que, en la actualidad, la vida puede ser borrada sin consecuencias, donde la impunidad es la norma y la justicia, por más anhelos de su aparición, es inexistente en los tiempos de la 4T.

La clase gobernante hace mutis sobre los desaparecidos como si fueran apariciones fugaces, sin rostro, sin cuerpo; pero en realidad son estudiantes, trabajadores, campesinos, mujeres, hombres, jóvenes; son el reflejo de un país donde la seguridad es frágil y donde la memoria se construye a partir de ausencias.
Frente a la estrategia oficial de desaparición verbal, frente a la acumulación de cuerpos y fosas, frente a la infodemia que busca no sólo desmentir y negar los hechos, sino también distraer, la sociedad mexicana tiene un desafío enorme: mantener viva la memoria, nombrar a los desaparecidos, exigir justicia, denunciar la impunidad.

El país convertido en fosa común no puede normalizarse y el silencio no puede ser la respuesta, aunque México sea hoy un espacio marcado por la ausencia.

Desaparecer a los no localizados, culpar al pasado y acusar a los organismos internacionales es el camino ya muy trillado por el cual transita el cuatroteísmo; pero ese andar sobre los mismos pasos ha dado origen a las apariciones de decenas de fosas clandestinas.

En síntesis, los gobiernos anterior y presente han caminado sobre osamentas y tumbas; por tanto, no se puede hablar de una tierra baldía, pues entre más niegan la existencia de los aparentemente inexistentes, las apariciones de sus restos y huellas se vuelven más frecuentes y notorias.
He dicho.

EFECTO DOMINÓ
La Asociación Nacional de Transportistas (ANTAC) y el Frente Nacional para el Rescate del Campo Mexicano (FNRCM) anunciaron que a partir del lunes 6 de abril iniciarán de manera pacífica un paro nacional indefinido en 20 estados del país.

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