PULSO

Eduardo Meraz

“SAT-anistas”

Eduardo Meraz

La conseja popular dice que el diablo esconde la cola para engañar incautos. Y en la política mexicana, esa cola se disimula entre discursos de redención, abrazos de “humanismo” y promesas de transformación. Pero basta rascar un poco la superficie para descubrir que detrás de la retórica se agazapan intereses, caprichos y la ambición de perpetuarse en el poder.

Y justamente eso ocurre con la asociación “humanista” promocionada por el dueño absoluto de “La Chingada”, su finca de retiro desde donde aún insiste en querer gobernar e imponer sus caros, inútiles y quebrados caprichos emblemáticos.

Allí, rodeado de símbolos que evocan la austeridad franciscana, se cocina la estrategia para mantener vivo un movimiento cuyo único adhesivo es el dinero.

El “rey del cash”, como lo han llamado y reconocido también, ha hecho del chantaje político un arte. No se trata de buscar enriquecimiento personal —aunque las cuentas y propiedades acumuladas contradigan esa narrativa—, sino de mantener bajo control a quienes carecen de firmeza ideológica.

Viviendo casi toda su vida de “gorrita café”, a costa de los demás, López Obrador, constituyó “el movimiento transformador”, muégano de intereses, cuyo verdadero adhesivo es el dinero, por más que sea cosa del diablo y todos se persignen y se den golpes de pecho antes de robarse los recursos públicos y las limosnas que aporta la gente, así como las aportaciones -en efectivo y en especie- de parte de algunos hombres de negocios y del crimen organizado.

Y para que no quede huella, que no y que no, cuentan con los buenos oficios del titular del Sistema de Administración Tributaria (SAT), Antonio Martínez Dagnino, “partner” y escudo de los López, por su relación estrecha con “Andy” -para los cuates- López Beltrán.

El diablo, dicen, se esconde en los detalles. Y en este caso, el detalle es el trámite exprés que convirtió a la asociación lopezobradoriana en donataria autorizada, pues el mandamás del SAT autorizó en tiempo récord la formalización de la misma, cuando en promedio es un trámite tardado, que dura -cuando menos- más de medio año, aunque en algunos casos llega a tomar años y ni así adquieren el carácter de donatarias.

La avaricia, pecado capital que parece inoculado en el ADN del morenismo y acendrado entre los López, se traduce en la acumulación de riqueza y poder.

La lógica es simple: quien acumula se vuelve inalcanzable para la justicia, y quien controla las finanzas controla también las lealtades. Así, la ambición de permanecer en el poder “al infinito y más allá”, alimentada de la desgracia cubana, usada como espejo para justificar la reunificación de feudos guindas..

La “coperacha” a la cual convoca el ex presidente sin nombre y sin palabra, respaldada ya por la presidenta Claudia Sheinbaum, dejaría la impresión de la inexistencia de fisuras y fracturas al interior de Morena aun cuando muchos han quedado a deber y tremen ser desplazados y otros, de plano pretenden abandonar el barco antes de que se hunda, ante el fuerte oleaje del norte que se avecina.

El mensaje es claro: no hay fisuras, no hay fracturas, todos reman en el mismo barco guinda. Pero bajo la superficie, muchos temen ser desplazados, otros planean saltar antes de que el navío se hunda, ante el fuerte oleaje del norte, donde no serán pocos los ahogados.

Así, la asociación “humanista” es apenas un telón pintado de bondad, detrás del cual se ocultan los engranajes de un sistema que privilegia la lealtad sobre la transparencia y da pauta a acciones financieras ilícitas, al lavado.

El SAT, convertido en cómplice, legitima lo que en otros tiempos habría sido cuestionado como favoritismo. Y mientras tanto, la narrativa oficial insiste en que todo se hace por el bien del pueblo.
Pero la sociedad es escéptica y ve cómo la austeridad republicana se ha transformado en un ritual vacío, donde los golpes de pecho preceden al saqueo de recursos públicos; la limosna -devolución de impuestos, mal llamada programas sociales-se convierte en inversión política, y la solidaridad en moneda de cambio.

El actual capítulo no es distinto: el expresidente, desde su retiro, busca seguir dictando la partitura y la presidenta en funciones, consciente de la necesidad de mantener cohesión, respalda la coperacha y se suma al coro; sin embargo, la música suena desafinada: las notas de ambición y control se imponen sobre las melodías de justicia y equidad.

En realidad, la asociación “humanista” es apenas un síntoma de esa dependencia: un mecanismo para canalizar recursos, fortalecer lealtades y perpetuar la narrativa de transformación.

La pregunta, inevitable, es ¿cuánto tiempo puede sostenerse un movimiento cuyo pegamento es el dinero?

La historia enseña que las alianzas basadas en intereses económicos son frágiles: se mantienen mientras hay recursos que repartir, pero se fracturan cuando la abundancia se convierte en escasez.

El diablo, al final, siempre deja huella, aunque esconda la cola, aunque se disfrace de humanismo, aunque se presente como redentor, siempre será “SAT-anizado”.

He dicho.
EFECTO DOMINÓ
¡Aguas! Con la revocación de mandato; juntar esta consulta con las elecciones intermedias podría ser un tiro que sale por la culata.

Redaccion

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