PULSO

Eduardo Meraz

Trabajos forzados

Eduardo Meraz

Los récords son como espejos: reflejan una parte de la realidad, pero nunca toda. El récord de empleos formales es indudablemente un logro, pero también es un recordatorio de que las cifras pueden ser tan seductoras como engañosas.

Y esto viene a cuento por el uso frecuente del término “histórico”, de parte de los gobiernos cuatroteístas para casi toda acción emprendida, pero en realidad no han representado un cambio significativo en la vida de los mexicanos.

La generación de empleos, es uno de esos campos donde prácticamente cada vez se logran récords, no sólo en el mercado formal, sino fundamentalmente en el informal, donde se ubican 10 millones de mexicanos más respecto de los registrados en el Seguro Social.

El empleo formal en el país alcanzó en febrero su nivel más alto para ese mes desde que se tiene registro, con 22 millones 527 mil 854 puestos de trabajo, informó el director general del Instituto Mexicano del Seguro Social, Zoé Robledo.

Una cifra que, según el director del IMSS, debería hacernos sentir como si hubiéramos conquistado el Everest laboral. “¡Récord histórico!”, exclama a todo pulmón.

Tan solo de enero a febrero se generaron 157 mil 882 nuevos puestos de trabajo, lo que convierte a este mes en uno de los de mayor dinamismo reciente; pero de febrero a febrero sólo se crearon 96 mil fuentes de trabajo.

Con ello, en el primer bimestre del año suman 217 mil nuevos empleos formales, equivalente a un crecimiento de 1 por ciento.

Sin embargo, en su informe de enero, el titular del IMSS reconoció que se habían perdido cerca de 9 mil empleos, por lo cual las 60 mil plazas de diferencia estarían referidos a “trabajos forzosos” sacados de los algoritmos encarnados del oficialismo, para vendernos un México paradisiaco.

La presidenta Claudia Sheinbaum destacó que la creación de 157 mil 882 empleos en febrero —sin considerar aún plataformas digitales— es “un muy buen dato de la economía”.

Poco faltó para ver a los funcionarios descorchando botellas de sidra, mientras los gráficos ascendentes se proyectan en pantallas gigantes como si fueran fuegos artificiales.

El empleo formal, ese viejo fantasma que tantas veces se nos escapa, ahora aparece vestido de gala y con cifras sacadas de un cuento optimista.

El discurso oficial insiste en que no solo se trata de cantidad, sino de calidad, por lo cual el salario base de cotización en el IMSS promedio alcanzó unos 20 mil 245 pesos mensuales.

Y aquí es donde la ironía se asoma: ¿cuántos mexicanos conocen a alguien que realmente gane esos 20 mil pesos al mes? El promedio, como siempre, es un espejismo estadístico.

Otro dato que se celebra es la incorporación de mujeres: 9 millones 29 mil 894 puestos ocupados por ellas, lo que representa el 40.1% del total. Una cifra que suena a avance, aunque todavía nos recuerda que la igualdad laboral es un camino largo y lleno de obstáculos.

Pero ¿cómo lograr que los empleos sean realmente mejor pagados cuando la economía global sigue presionando hacia la precariedad? El reto no es menor, y la ironía es que mientras se presume el récord, millones de trabajadores siguen sintiendo que la estabilidad es un lujo reservado para otros.

Detrás de cada número hay historias concretas: el obrero que trabaja horas extras sin pago, la secretaria que gana menos que su colega hombre, el joven que firma un contrato “permanente” pero descubre que la permanencia dura lo que la empresa decida.

El empleo formal crece, sí, pero la informalidad sigue siendo un monstruo enorme que devora a millones; los salarios suben en promedio, sí, pero la desigualdad persiste; la pobreza laboral baja, sí, pero la precariedad se reinventa cada día, con aumentos en la canasta básica.

El gobierno necesita narrativas épicas: cifras récord, discursos solemnes, promesas de estabilidad; la ciudadanía, en cambio, necesita realidades tangibles: salarios que alcancen, empleos que duren, seguridad social que funcione.

Porque al final, la pregunta es simple: ¿de qué sirve un récord histórico si el trabajador sigue contando los pesos para llegar a fin de mes? ¿De qué sirve la permanencia estadística si la incertidumbre laboral sigue siendo la norma? ¿De qué sirve la reducción de la pobreza laboral si la vida cotidiana sigue marcada por la precariedad?

Lo irónico es que el gobierno celebra récords como si fueran victorias definitivas, cuando en realidad son apenas capítulos de una novela interminable, en donde más de 25 negocios han bajado la cortina.
He dicho.

EFECTO DOMINÓ
La presidenta Claudia Sheinbaum, afirmó que Calderón sacó al Ejército a la “guerra contra el narco” sin condiciones jurídicas; “ahora sí hay un marco legal para hacerlo”, sostuvo.
¿Para la guerra?

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