PULSO

Eduardo Meraz

Te llames como te llames

Eduardo Meraz

Desde el presidente sin nombre y sin palabra, por haber incumplido sus compromisos y promesas, hasta días recientes cuando para el segundo piso transformador es más sencillo cambiarle el nombre a proyectos, programas e instituciones que enjuiciar y castigar a los culpables de los fracasos y el mal manejo de recursos.

La idea de rebautizar a dependencias, funcionarios y acciones es la forma más primaria de ocultar actos de corrupción, incapacidades técnicas, falta de profesionalismo y constituye un método de estafa a la sociedad, pues usaron recursos públicos, sin resultados y, además, se enriquecieron.

El caso más reciente, es el ocurrido este jueves cuando la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo anunció una iniciativa de reforma legal para modificar al Instituto Nacional de Migración (INM), el cual cambiará de nombre a Instituto de Movilidad Humana.

Con ello, pretende dar carta de naturalización a la práctica de “borrón y cuenta nueva”, y enterrar los pecados del anterior titular de Migración, Francisco Garduño.

Detrás del cambio de nombre se esconde la sombra del funcionario que convirtió la migración en un campo de abusos, que subordinó la política nacional a los dictados de Washington y cuya gestión quedó manchada por la muerte de 40 personas en la estación migratoria de Ciudad Juárez y al que, ahora, le ofreció un puesto menor en la Secretaría de Educación Pública.

Acción que es copia fiel de lo sucedido con la empresa Seguridad Alimentaria Mexicana (Segalmex), en donde su primer titular, Ignacio Ovalle, después de haber sido “chamaqueado” por los colaboradores puestos por él y dejado un desfalco de más de 15 mil millones de pesos, le dieron refugio político en la Secretaría de Gobernación.

Y así podríamos enumerar, casi hasta el infinito, los “nuevos” apelativos -con o sin el apellido Bienestar- a instituciones, órganos, leyes instauradas por el grupo guinda en el poder, sin por ello obtener mejores resultados a los alcanzados por la nomenclatura neoliberal.

En realidad, cambiar título es maquillaje verbal que pretende ocultar las cicatrices de la corrupción, la ineptitud y el fracaso, como si al renombrar se borrara la memoria, como si la sociedad pudiera ser hipnotizada por el sonido de nuevas palabras.

Sobre el cambio de nombre a Migración, la habitante de Palacio Nacional, dijo que se debe a que “migración ya es un nombre que no necesariamente se usa; en realidad es la movilidad de una persona de un lugar a otro”.

El mensaje es claro: en la política del grupo gobernante, los errores no se castigan, se rebautizan; los fracasos no se corrigen, se maquillan; los responsables no se juzgan, se reciclan.

La práctica revela una concepción infantil de la política: creer en la poca memoria de la sociedad y que olvidará si se le ofrece un nuevo nombre; pero la memoria no se borra con decretos.

Los muertos de Ciudad Juárez no resucitan porque el INM se convierta en Instituto de Movilidad Humana; los recursos saqueados en Segalmex no regresan porque Ovalle haya cambiado de oficina; o los difuntos se levantarán de sus tumbas porque Hugo López Gatell sea nombrado “embajador” ante la Organización Mundial de la Salud -cargo inexistente.

Renombrar es el equivalente político de pintar una fachada derruida: por fuera luce nueva, por dentro se desmorona, como ocurre en estos días con Morena y su reforma electoral.

Sin embargo, cada nuevo apelativo despierta sospechas, cada rebautizo se interpreta como un intento de encubrimiento, por lo cual la reiteración de la estrategia erosiona la credibilidad del gobierno, pues revela que no hay voluntad de transformar, sino de ocultar.

El cambio de nombres es la metáfora perfecta de esta contradicción: todo parece distinto, pero todo sigue igual, gatopardismo puro y duro.

En el fondo, la práctica revela un miedo: el miedo a enfrentar la verdad, a reconocer los fracasos, a castigar a los propios; rebautizar es un acto de cobardía política, un intento de escapar de la responsabilidad.

El país no necesita más nombres nuevos, pues cada rebautizo será un recordatorio de lo que se quiere ocultar; cada nuevo apelativo será una lápida que cubre los pecados del pasado.

Y la sociedad, con su memoria intacta, seguirá preguntando: ¿de qué sirve cambiar el nombre, si no se cambia la realidad?, en tanto el segundo piso de la llamada “transformación” se sigue construyendo sobre cimientos de palabras, no de hechos.

El lenguaje puede ser un disfraz, pero no una absolución, te llames como te llames.
He dicho.

EFECTO DOMINÓ

Morena en la Cámara de Diputados acordó el respaldo a la iniciativa presidencial de reforma a la Constitución en materia electoral, “como venga”, pero acotó que “será difícil el acompañamiento” de los partidos aliados, el Verde y el del Trabajo, pero sería un desacuerdo legislativo temporal, que no pone en riesgo la alianza para 2027 y 2030.

Redaccion

Medio digital independiente enfocado en información verificable, cobertura institucional y análisis de temas públicos de interés para la ciudadanía.

Empieza tu día bien informado con las noticias más relevantes.

AA

MÁS NOTICIAS