En el escenario donde solo los mejores del mundo tienen derecho a patinar, un joven de Zapopan volvió a demostrar que el talento mexicano no conoce fronteras climáticas. Donovan Carrillo culminó su participación en los Juegos Olímpicos de Invierno Milano-Cortina 2026 con una actuación que trascendió las puntuaciones para instalarse en la memoria colectiva. Al ritmo de una versión épica con música de Elvis Presley, Carrillo no solo ejecutó una rutina de alta complejidad técnica, sino que entregó una pieza de arte que rindió homenaje a sus raíces y a su abuela materna, consolidándose como el máximo referente del patinaje sobre hielo en la historia de nuestro país.
Con una puntuación total de 219.06 unidades, su mejor marca de la temporada, Donovan cerró su participación con un gesto que conmovió al mundo: un beso a la pista de hielo al terminar su rutina. Ese beso simbolizó años de sacrificios, desde sus inicios entrenando en pistas de centros comerciales en México hasta su maduración competitiva en los centros de alto rendimiento de Canadá. A sus 26 años, el jalisciense llegó a esta final con una templanza que le permitió sobreponerse a una caída en el programa corto, demostrando que la resiliencia es su salto más perfecto.
El logro de Carrillo es, sobre todo, un triunfo estadístico y social: se convirtió en el primer mexicano en alcanzar dos finales olímpicas consecutivas en patinaje artístico (Beijing 2022 y Milano-Cortina 2026). En una disciplina históricamente dominada por potencias invernales, ver la bandera de México ondear entre los 24 mejores del mundo es un mensaje de ambición para toda Latinoamérica. Donovan no solo compitió contra figuras como Ilia Malinin; también enfrentó la falta de infraestructura y tradición, saliendo victorioso en cada desafío.
Más allá del resultado oficial, el legado de Donovan Carrillo se mide en la inspiración que ha sembrado. Ha demostrado que el carisma y la disciplina pueden derretir cualquier barrera estructural. Su paso por Milán no fue solo una competencia deportiva, fue la confirmación de que México tiene un lugar en la élite del hielo. Mientras el patinaje artístico sigue ganando adeptos en nuestro país, la figura de Donovan queda grabada como la del pionero que enseñó a toda una nación que es posible soñar con el oro, incluso cuando el entorno parece estar bajo cero.









