columna

Moronga política

PULSO

Por Eduardo Meraz

En la política mexicana, los desencuentros suelen tener la textura de la moronga: un alimento elaborado con sangre, que no siempre resulta del agrado de todos, pero irremediablemente forma parte del menú.

En la versión región 4T de la película “Kramer contra Kramer”, las presiones de Estados Unidos y la búsqueda de los candidatos morenitas a las elecciones de 2027, ya generaron disputas, desencuentros y riñas en sus militantes, a riesgo de volverse una carnicería.

La información dada a conocer por el New York Times sobre funcionarios mexicanos del partido en el poder -Morena- dispuestos a dar información al Departamento de Justicia de Estados Unidos sobre los nexos de correligionarios con grupos criminales, ya puso nervioso a Palacio Nacional y otras oficinas públicas.

El picante y los residuos del obradorismo al interior del partido guinda, exhibidos en las postulaciones de los “defensores de la transformación y la soberanía”, reafirma su textura de moronga o rellena.

Así se percibe hoy el interior de Morena, el partido en el poder, donde las tensiones han comenzado a hervir como en una olla de presión, no sólo por las revelaciones del New York Times, sino por la posibilidad de volverse esa “oleada” de indiciados y potenciales colaboradores de las autoridades norteamericanas.

Y todo hace prever el derramamiento de plasma al interior del oficialismo, pues las ambiciones de los distintos feudos en su interior nunca han podido alcanzar la conciliación sin la respectiva cuota de huesos rotos, orgullos lastimados y no pocas carpetas de investigación, tanto en nuestro país, como en Estados Unidos.

En no pocos espacios de la administración federal y del Congreso de la Unión se escuchará sin rubor o pena alguna , primero como murmullo, después en vocerío: sálvese quien pueda, mientras arrojan sus propios detritus sobre sus compañeros de partido.

El obradorismo, convertido en residuo y picante dentro del partido guinda, se enfrenta a su propia paradoja: defender la “transformación y la soberanía” mientras lidia con sospechas de infiltración criminal y con la mirada inquisitiva de Washington.

El discurso de pureza ideológica se tiñe de sangre, como la moronga que se sirve en las ferias populares, y la ciudadanía observa con creciente desconfianza.

Las ambiciones personales de quienes sueñan con candidaturas estatales de 2027 han acelerado el derramamiento de plasma político. Cada grupo busca imponerse, por lo cual la conciliación, en este contexto, parece una quimera. El resultado es un partido que se desangra en público, incapaz de ocultar sus riñas internas.

La inminente estampida, se convierte en consigna de supervivencia; los militantes arrojan culpas propias y ajenas a sus compañeros, a fin de salir lo mejor librados, en un espectáculo que recuerda más a una pelea de mercado que a un ejercicio de política institucional.

El riesgo es evidente: que la carnicería interna termine debilitando al partido frente a la ciudadanía y frente a sus adversarios.

La narrativa de unidad y transformación se erosiona cuando los protagonistas se enfrascan en disputas intestinas; la sangre derramada y por derramarse, simbólica o real, deja cicatrices difíciles de olvidar por la costra permanente que dejan.

La historia política mexicana está llena de ejemplos de partidos que, al alcanzar el poder, se desgarran desde dentro. El PRI en sus años de hegemonía, el PAN en su breve paso por la presidencia, y ahora Morena, que enfrenta el dilema de administrar el poder sin sucumbir a sus propias contradicciones.

La diferencia es que hoy las disputas se desarrollan bajo la mirada atenta de Estados Unidos, que no duda en intervenir cuando sus intereses se ven amenazados.

La pregunta de fondo es si el partido guinda logrará sobrevivir a sus propios desencuentros. La carnicería interna puede ser vista como un proceso de depuración, pero también como un síntoma de descomposición. En cualquier caso, la ciudadanía observa con escepticismo, consciente de que las riñas políticas rara vez se traducen en beneficios para el pueblo.

Morena, atrapada entre la presión externa y la ambición interna, enfrenta su prueba más difícil: demostrar que puede gobernar sin desangrarse. De lo contrario, la moronga política terminará por empachar a un país que ya carga con demasiadas heridas.

Después del proceso electoral 2026-2027, los sobrevivientes guindas, quedarán muy desangrados por los múltiples cortes americano y de los poderes fácticos.

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He dicho.

EFECTO DOMINÓ

Resulta paradójico: mientras la presidenta Claudia Sheinbaum habla de su gobierno como defensor de la soberanía nacional en todos los ámbitos, desde la alimentación y la energía hasta la cultura, México importa 75% del gas y dos terceras partes de gasolinas y granos básicos.

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