En los pasillos del histórico Teatro de la República, durante la ceremonia por el 109 aniversario de la Constitución, una escena aparentemente cotidiana se convirtió en un símbolo político. Un video mostró a dos colaboradores de la Suprema Corte —entre ellos Amanda Pérez Bolaños, directora de Comunicación Social— inclinados para limpiar el calzado del ministro presidente Hugo Aguilar Ortiz. La imagen, con el ministro observando de pie y las manos en los bolsillos, se viralizó en segundos y fue interpretada como un gesto de prepotencia y jerarquía.

La reacción fue inmediata. Críticas en redes sociales, cuestionamientos de la oposición y comentarios de colectivos sociales pusieron en duda la congruencia entre el discurso de “justicia cercana al pueblo” y lo que muchos vieron como una escena de servilismo.
Aguilar respondió desde sus propias cuentas: explicó que minutos antes del acto se había derramado café sobre sus zapatos y que la acción de sus colaboradores fue espontánea. Reconoció que no se dio cuenta de inmediato y que, al percatarse, pidió detener la limpieza. “Me tomó por sorpresa”, escribió, acompañado de una disculpa pública y la aclaración de que el hecho no refleja ni la ética de la Suprema Corte ni la suya personal.
Pero el episodio ya había escalado. Incluso la presidenta Claudia Sheinbaum se pronunció, subrayando que más allá de las disculpas, quienes ocupan cargos públicos deben mantener siempre respeto y humildad hacia sus equipos.
En un momento en que el Poder Judicial busca legitimarse y avanzar en reformas profundas, este “incidente del café” se convirtió en una lección sobre el poder de la imagen en la era digital: un segundo de indiferencia puede eclipsar años de trayectoria. La opinión pública sigue dividida entre quienes aceptan la explicación y quienes ven en el video un recordatorio de la distancia que aún existe entre las élites judiciales y la ciudadanía.
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