PULSO
Eduardo Meraz
Prácticamente por voluntad propia, el Instituto Nacional Electoral, encabezado por Guadalupe Taddei se ha convertido en un organismo INErme e INErte a la hora de cumplir sus responsabilidades, pero claramente INEfable en el manejo de recursos, con claras sospechas de corrupción.
Tanto el Departamento del Tesoro de Estados Unidos como la Unidad de Inteligencia Financiera de México, casi al unísono, han descubierto movimientos harto sospechosos en las oficinas del árbitro electoral, involucrando cientos de millones de pesos.
Lo significativamente curioso es ver como son los choferes de la consejera presidente Taddei serían los conductores de este entramado de malversación de fondos, compras infladas, empresas fantasma, facturas falsas y un vasto etcétera de trapacerías.
Por eso tanto el Tesoro estadounidense como su equivalente en México han decidido indagar a fondo el manejo financiero del INE, antes de un mayor avance en el proceso electoral 2026-2027 y debilite aún más no sólo la confianza de los ciudadanos, sino la estructura misma del organismo para garantizar unas elecciones libres y equitativas.}
Desde la llegada de Guadalupe Taddei al Instituto, decidió -con el apoyo de los legisladores de Morena- apoderarse de las funciones rectoras y convertir al órgano electoral en ariete contra la democracia.
Estamos frente a hechos INEludibles: en donde el árbitro electoral conserva el nombre, la fachada, los edificios, los presupuestos y hasta los discursos, pero pierden aquello que les daba sentido.
Grosso modo, el Tribunal Electoral y la Suprema Corte de Justicia de la Nación e incluso el Congreso de la Unión, se han convertido en cascarones solemnes, oficinas habitadas por la simulación.
El INE de Guadalupe Taddei ha dado señales contradictorias: muestra una inusual fortaleza cuando se trata de concentrar decisiones en la cúpula, pero una llamativa debilidad para responder a los cuestionamientos sobre el manejo de los recursos públicos.
Cuando instancias especializadas en inteligencia financiera -internas y externas- observan movimientos que consideran irregulares, la gravedad del asunto rebasa los límites de la disputa partidista. Lo que está en juego no es únicamente la reputación de algunas personas, sino la credibilidad de una institución cuya razón de ser consiste precisamente en generar confianza.
Que choferes o empleados de niveles menores aparezcan vinculados a operaciones millonarias despierta preguntas imposibles de ignorar.
Porque nadie cree seriamente que semejantes movimientos financieros puedan realizarse sin la existencia de estructuras más complejas y redes de protección más amplias, haciendo evocar al chofer de López Obrador, Nico Marín Mollinedo, cuya fortuna millonaria actual está lejos de poderla esconder y justificar.
La confianza en las autoridades comiciales constituye uno de los pilares fundamentales de cualquier democracia, pues sin ella, los resultados se vuelven sospechosos antes incluso de conocerse.
Las elecciones pueden realizarse con puntualidad, instalar miles de casillas y movilizar enormes recursos humanos, pero si la ciudadanía percibe que el árbitro está comprometido o quiere inclinar la balanza hacia el partido en el poder, el resultado inevitable es una erosión de la legitimidad.
Guadalupe Taddei llegó al cargo en medio de una fuerte controversia política y acompañada por señalamientos acerca de su cercanía con el partido gobernante.
Desde entonces, cada decisión polémica, cada cambio administrativo y cada disputa interna han alimentado la percepción de que el organismo perdió buena parte de la autonomía que durante años constituyó su principal activo.
Por ese, en estos momentos, vemos cómo una institución creada para proteger la democracia corre el riesgo de convertirse en uno de los factores que más contribuyan a su debilitamiento.
No en balde, los partidos de oposición piden la dimisión de la consejera presidente del INE, pues le han perdido la confianza, al igual que millones de ciudadanos.
Síntesis y por decirlo de alguna manera, un organismo INErme frente a las exigencias de transparencia, INErte ante las demandas de rendición de cuentas e INEfable cuando se le pregunta por el destino del dinero.
He dicho.
EFECTO DOMINÓ
El gobierno presume haber reducido la deuda de Pemex en 20 mil millones de dólares; sin embargo, los proveedores de Petróleos Mexicanos mencionan que los adeudos de la empresa publica para con ellos asciende a 17 mil millones de dólares.








