¿Hombres en la marcha del 8M?


Por: Fernando Dávila

A pocas horas de comenzar la conmemoración del Día Internacional de la Mujer en la Ciudad de México, la posible presencia de hombres en la marcha del 8M ya se volvió la pregunta que arde antes de que el primer contingente pise el asfalto. En las calles se respira previsión; en el feed de X (antes Twitter) y TikTok, la discusión ya estalla.

El asfalto aún descansa, pero la conversación digital avanza con una consigna temprana: ¿a quién se le otorga el derecho de admisión?

Los monumentos y edificios más simbólicos de la ciudad ya aparecen cubiertos con enormes vallas metálicas. Desde 2020, el Centro Histórico cada 8 de marzo se transforma en un búnker que intenta contener la oleada de miles de mujeres que marchan desde distintos puntos, desde el Parque Naucalli en el Estado de México hasta los corredores céntricos de la capital.

Todas avanzan con un objetivo claro: erradicar la violencia de género. Mientras aguardo a que eso ocurra y los pañuelos morados comiencen a ondear a un costado de la Alameda Central, la guerra digital no descansa. Son las sentencias en la pantalla —y su contraste a fuego cruzado— las que iluminan mi rostro en la madrugada previa.

“Si no puedes separarte de un tipo por cinco minutos, tienes mucho que cuestionarte”, leo en un post de Threads.

Las pancartas digitales sustituyen, por ahora, a las de cartón que por la tarde inundarán Paseo de la Reforma. La duda ya marcha en los muros de X, anticipándose al golpe de los pasos sobre el pavimento.

“¿Pueden los hombres marchar?”.

La pregunta fractura la conversación antes de que inicie la ruta oficial. El debate no es nuevo, pero en este 2026 parece levantar un muro ideológico más firme. Algunas voces defienden el separatismo absoluto como refugio necesario ante una violencia estructural que no concede tregua.

Otras, en cambio, insisten en que la presencia de aliados puede romper —de una vez— el mandato rígido de la masculinidad.

Separatismo y aliados: el debate antes de que comience la marcha

Rita Segato, antropóloga argentina, lo ha advertido en más de una ocasión: el patriarcado también deshumaniza al hombre, pero el feminismo abre una posibilidad de liberación. Sin embargo, en la calle la teoría se vuelve cuerpo, y el cuerpo masculino a veces estorba el paso.

La presencia del novio o del aliado, para muchas mujeres, se percibe como una intrusión innecesaria en un ritual propio.

Por su parte, Marta Lamas propone alianzas rebeldes, mientras bell hooks sostenía que el feminismo, en realidad, es para todo el mundo. Pero en la víspera del 8M estos matices académicos se diluyen ante la urgencia de los testimonios de víctimas.

La ciudad morada y la disputa por el espacio

La capital se pintará de morado y reclamará el espacio público. Ese territorio que históricamente ocuparon las masculinidades hoy exige una zona de reconocimiento mutuo entre mujeres.

Para quien ha sufrido violencia, la sombra de un hombre en la marcha puede significar un riesgo.

En estos espacios, la seguridad no solo se mide en términos físicos; también se construye como una forma de paz mental que el separatismo intenta garantizar paso a paso. Por eso, la discusión sobre los hombres en la marcha del 8M reaparece cada año con la misma intensidad.

A unas horas de comenzar, la madrugada espera a las mujeres que recorrerán la Diana Cazadora entre contingentes transincluyentes, atravesarán la calle Madero con infancias a su lado y terminarán frente al Palacio Nacional. Blindado tras muros de hierro, se escuchará a través de ellos los nombres de las que ya no están, gritados contra esas paredes frías que rara vez responden.

Cuando amanezca: quién camina y desde dónde

La red social revela el caos de comentarios: el escenario perfecto para una discusión que se repite cada año con nuevos rostros y nuevas voces.

Cuando el sol asome, los bloques negros y los contingentes mixtos se encontrarán en una coreografía de resistencia. Algunos hombres caminarán en la retaguardia y cuestionarán sus privilegios; otros serán expulsados por no comprender su lugar.

Ahí, en medio de la marea morada, volverá a surgir la misma interrogante que recorrió la madrugada digital: hombres en la marcha del 8M.

Quien decida caminar junto a esa marea deberá hacerlo desde la invitación a reflexionar sobre sus privilegios. No como protagonista. Porque la primera acción es escuchar antes de intentar avanzar.

Redaccion

Medio digital independiente enfocado en información verificable, cobertura institucional y análisis de temas públicos de interés para la ciudadanía.

Noticias relacionadas

MÁS NOTICIAS