El 5 de febrero marca un momento crítico para la seguridad global tras la expiración del tratado START, el último tratado vigente de control de armas nucleares entre Estados Unidos y Rusia. La desaparición de este acuerdo elimina los límites legales sobre el despliegue de ojivas estratégicas, generando preocupación entre expertos que advierten sobre el posible inicio de una nueva carrera armamentista nuclear.
Aunque Washington y Moscú acordaron reanudar diálogos militares de alto nivel con el objetivo de prevenir incidentes accidentales, la falta de inspecciones mutuas y mecanismos formales de verificación deja a la estabilidad internacional en un escenario de incertidumbre no visto desde la Guerra Fría. El tratado había sido considerado una pieza clave para mantener el equilibrio estratégico entre ambas potencias.
La administración del expresidente Donald Trump ha planteado la intención de impulsar un “acuerdo más amplio” que incluya a China dentro del esquema de control armamentista. Por su parte, el Kremlin mantiene su postura de que la capitulación de Ucrania es una condición necesaria para alcanzar una estabilidad duradera en materia de seguridad internacional.
Desde la Organización de las Naciones Unidas, el secretario general Antonio Guterres calificó la expiración del tratado como “un retroceso histórico”, señalando que ahora las potencias nucleares deberán operar mediante canales informales de comunicación. La ausencia de un documento firmado elimina restricciones sobre el número de misiles balísticos intercontinentales y aumenta la tensión en los sistemas de defensa globales.
Analistas internacionales advierten que este vacío legal podría ser aprovechado por las potencias para modernizar sus arsenales bajo el argumento de la disuasión estratégica. En Europa, el incremento del gasto militar refleja el temor a un debilitamiento de la arquitectura de seguridad regional, mientras el denominado reloj del juicio final parece avanzar hacia un escenario de mayor riesgo nuclear.










