Por: Redacción
El dirigente de la COUC, Agustín Espinoza Laguna, advirtió que el encarecimiento de los combustibles impacta en cascada a los fertilizantes, la maquinaria y el transporte
Culiacán, Sinaloa. La presión económica sobre el «granero de México» ha alcanzado niveles críticos. Agustín Espinoza Laguna, secretario general de la Coordinación Organizadora de la Unidad Campesina (COUC) en Sinaloa, denunció que el reciente incremento en los precios internacionales del petróleo está castigando severamente la estructura de costos del cultivo de maíz, pilar de la dieta nacional.
El líder campesino explicó que el impacto del crudo no es lineal, sino que se ramifica en cuatro componentes vitales para el campo: fertilizantes nitrogenados, diésel para maquinaria, costos de trilla y transporte logístico. «Cuando sube el petróleo, sube toda la cadena productiva. El maíz requiere una fertilización intensiva y el uso constante de maquinaria que depende totalmente del diésel», detalló Espinoza Laguna.
Este martes, una comisión de productores sostendrá una reunión clave en la Ciudad de México para revisar el precio del maíz. La postura de la COUC es firme: cualquier negociación que ignore el costo real de producción actual será inviable. Ignorar el alza en los insumos energéticos significaría trasladar toda la pérdida financiera al productor, lo que pondría en riesgo la continuidad de las siembras en el próximo ciclo y, por ende, el abasto de alimentos para el país.
El transporte del grano desde las parcelas hasta los centros de acopio también se ha encarecido significativamente, reduciendo el margen de utilidad final del agricultor. Espinoza Laguna recordó que Sinaloa ha sido históricamente el soporte de la seguridad alimentaria en México, pero advirtió que la rentabilidad del cultivo está en su punto más frágil debido a factores externos que los productores no pueden controlar.
Finalmente, el dirigente hizo un llamado a las autoridades federales para que en la mesa de diálogo se reconozca la realidad del campo sinaloense. «No pedimos concesiones, pedimos justicia en el precio basada en lo que realmente cuesta producir cada tonelada. Si el campo no es rentable, la mesa de los mexicanos se queda vacía», concluyó.









