Con el objetivo de fortalecer la capacidad de respuesta ante una eventual emergencia sísmica, las autoridades del Estado de México llevaron a cabo este miércoles un simulacro regional de sismo.






En punto de las 11:00 horas, la Alerta Sísmica resonó en ambas entidades, activando los protocolos de evacuación bajo un escenario hipotético de un sismo de magnitud 7.2, con epicentro a once kilómetros al sur de Pinotepa Nacional, Oaxaca, y una profundidad de doce kilómetros.
El ejercicio demostró la eficacia de los planes de Protección Civil y la preparación de los brigadistas. En el municipio de Coacalco, el desalojo del Palacio Municipal se realizó en un tiempo récord de 1.5 minutos, logrando evacuar a 100 servidores públicos y 40 visitantes que se encontraban realizando trámites. Este tiempo subraya la importancia de la capacitación constante y la coordinación entre las diferentes instancias de seguridad y emergencia.
El personal de Protección Civil y Bomberos, Seguridad Pública, y brigadistas capacitados previamente, fueron fundamentales para guiar y apoyar el desalojo. Estos brigadistas, provenientes de diversas áreas de gobierno, están entrenados para conocer las rutas de evacuación, la ubicación de botiquines, identificar a personas lesionadas y los puntos de auxilio, elementos cruciales para una respuesta organizada y segura ante un evento real.
La cultura de la prevención sísmica es una prioridad constante en México, dada su alta sismicidad. La Comisión Nacional de Protección Civil (CNPC) ha programado dos simulacros de carácter nacional adicionales para lo que resta del año: el primero se realizará el miércoles 6 de mayo a las 11:00 horas, y el segundo el sábado 19 de septiembre, también a las 11:00 horas, fechas que históricamente han marcado eventos sísmicos significativos en el país.
Estos ejercicios no solo ponen a prueba los protocolos de emergencia, sino que también fomentan una cultura de autoprotección entre la ciudadanía y las instituciones, vital para minimizar riesgos y salvaguardar vidas ante la imprevisibilidad de los fenómenos naturales. La participación activa en estos simulacros es un pilar fundamental para la resiliencia de las comunidades en zonas de alto riesgo sísmico.










