Por: Gilberto Solorza
En estas primeras semanas de 2026, un grupo que se identifica como Black Panther Party for Self-Defense incrementó su visibilidad en Filadelfia mediante protestas armadas y actividades comunitarias. El hecho ocurrió tras el asesinato de Renee Nicole Good, el 7 de enero en Minneapolis, a manos de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). La organización apareció en distintos puntos de la ciudad portando armas de estilo militar. El grupo se amparó en las leyes de Pensilvania que permiten el porte abierto y afirmó ejercer un derecho legal de autodefensa frente a la violencia estatal.


El resurgimiento del colectivo responde al temor creciente ante la expansión del poder federal y la militarización de las agencias migratorias. También se vincula con la percepción de impunidad tras la muerte de Good, una ciudadana estadounidense de 37 años que no era objetivo de ninguna investigación. Con su presencia armada, el grupo busca disuadir abusos y exigir la abolición de ICE. Además, reclama rendición de cuentas para los agentes federales, en un contexto político marcado por el endurecimiento de la política migratoria bajo la administración de Donald Trump.
La organización en Filadelfia es encabezada por Paul Birdsong, quien se presenta como presidente nacional. Birdsong sostiene que el colectivo representa un resurgimiento del Partido Pantera Negra original de los años sesenta. Afirma que el grupo recibió entrenamiento de miembros sobrevivientes de aquella generación. Sin embargo, no existe un reconocimiento orgánico ni un consenso entre veteranos del movimiento histórico sobre esa continuidad. Aun así, el grupo construye un paralelismo simbólico con los Panteras originales mediante armas visibles, vigilancia del Estado y empoderamiento comunitario.
Programas sociales y herencia simbólica
Además de las protestas, el colectivo mantiene programas semanales de apoyo en el norte de Filadelfia. Allí distribuye alimentos, artículos de higiene y comidas calientes. Estas actividades retoman el espíritu de los llamados “programas de supervivencia” del Black Panther Party fundado en 1966 por Huey P. Newton y Bobby Seale. El partido original destacó por desayunos gratuitos, clínicas comunitarias y patrullas armadas para monitorear la actuación policial.
La actividad del grupo ocurre en un clima de alta tensión nacional. Desde 2025, ICE intensificó redadas en varias ciudades, incluida Los Ángeles. En esos operativos participaron agentes encapuchados y fuertemente armados. En algunos casos se usó Guardia Nacional federalizada sin consentimiento estatal. Estas acciones detonaron protestas masivas y reforzaron la percepción de una política de seguridad interna cada vez más agresiva.
Ese proceso escaló en 2026 con el homicidio de Renee Nicole Good. El caso generó protestas y críticas generalizadas sobre el uso de la fuerza por parte de ICE. La grabación del hecho y la revelación de que Good no era investigada profundizaron la indignación pública y la desconfianza hacia las agencias federales.
Las tensiones aumentaron tras declaraciones de altos funcionarios federales. El vicepresidente JD Vance defendió públicamente a ICE después del asesinato. Afirmó que el agente implicado actuó en el marco de una “acción federal” y que gozaría de “inmunidad absoluta”. Ese mensaje reforzó la idea de un blindaje casi total para los agentes, siempre que aleguen cumplimiento del deber.
En paralelo, se reportaron operativos en los que agentes federales tocaron puertas casa por casa en barrios de Minnesota e Illinois. En esas acciones buscaron migrantes o pidieron identificar hogares de comunidades específicas. Medios y activistas describieron estas prácticas como el inicio de “redadas casa por casa”. En artículos de opinión surgió la analogía de “ICE como Gestapo de Trump”, por la combinación de presencia armada, señalamientos vecinales y un discurso oficial que legitima la impunidad.
Gobiernos estatales como Illinois y Minnesota presentaron demandas contra el gobierno federal. Argumentaron que estas tácticas aterrorizan a las comunidades y violan derechos de propiedad y libertades civiles. Estas acciones reforzaron la percepción de un aparato federal desbordado y sin contrapesos efectivos.
Riesgos, deslindes y polarización
En Filadelfia, donde ya existían tensiones por la colaboración entre la policía local y ICE, ese contexto fortaleció la narrativa de autodefensa comunitaria. Para simpatizantes del Black Panther Party for Self-Defense, la presencia armada funciona como un freno simbólico frente a posibles abusos. Para críticos, en cambio, representa un riesgo de escalada que podría derivar en enfrentamientos letales con fuerzas federales o policiales.
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El grupo también ha buscado diferenciarse del New Black Panther Party for Self-Defense. Esa organización, fundada en 1989 en Dallas, ha sido catalogada como grupo de odio por el Southern Poverty Law Center y la Anti-Defamation League. La agrupación de Filadelfia insiste en que no comparte ese legado y que su enfoque se limita al servicio comunitario, la autodefensa y la oposición al exceso de poder federal.
Más allá del caso local, el fenómeno refleja una fractura política y social más amplia. La combinación de redadas agresivas, discursos que legitiman la impunidad y operativos intrusivos ha erosionado la confianza en las vías institucionales. La reaparición simbólica de los Panteras evidencia el nivel de polarización y desconfianza que atraviesa actualmente a Estados Unidos.









