Para EU ¿Cuba estado fallido?
¿Sigue Cuba?: La mirada de Washington se ubica en las costas cubanas con una intensidad que no se veía en décadas después del colapso del suministro energético proveniente de Venezuela y la captura de Nicolás Maduro en enero. Ante este escenario la Casa Blanca activó un protocolo de máxima presión sobre la Isla, planteando la interrogante de si Cuba es, efectivamente, la siguiente pieza en el tablero regional.
La administración estadounidense sostiene que la situación en Cuba es insostenible y califica como una nación fallida que se encuentra en un punto de no retorno. Esta postura no es solo retórica; se fundamenta en un bloqueo petrolero quirúrgico y una diplomacia agresiva que busca forzar un desenlace similar al ocurrido en Caracas, aprovechando el descontento social acumulado y la parálisis de los servicios básicos que mantiene a la población en condiciones de sobrevivencia extrema. La presente coyuntura sostiene que Estados Unidos no solo contempla la caída del sistema antes que termine el presente año sino el arribo de una administración afin.
¿Y su mandatario?: En este contexto de asfixia, la figura de Miguel Díaz-Canel parece cada vez más aislada, tanto interna como externamente. Diversos sectores políticos en Estados Unidos y organismos internacionales comenzaron a ventilar cargos que buscan deslegitimar por completo su mandato. Se le atribuyen responsabilidades directas en la represión sistemática de las protestas populares, la gestión negligente de la crisis humanitaria y, más recientemente, se le señala por presuntas violaciones al derecho internacional en el marco de alianzas estratégicas con potencias hostiles a Washington.
Estos cargos no se limitan a la retórica política; buscan establecer una base jurídica que impida a Díaz-Canel ser parte de cualquier solución. La estrategia estadounidense es clara: separar la figura de Díaz Canel de la estructura de poder real, presentándolo como un obstáculo para la ayuda humanitaria y la normalización de relaciones, lo que aumenta la presión sobre el resto de la cúpula dirigente para que considere su destitución como un paso necesario para la supervivencia del Estado.
Ahí está Rubio: El nuevo actor coyuntural es el secretario de Estado, Marco Rubio quien estableció una comunicación directa con Raúl Guillermo Rodríguez Castro. Conocido como «El Cangrejo», el nieto y jefe de seguridad de Raúl Castro quién opera como el líder de facto que realmente ostenta el control del aparato militar y los órganos de inteligencia en la Isla.
Este diálogo trascendió en foros regionales como la reciente cumbre de CARICOM qué marco una pragmática decisión de Washington: negociar con quien tiene las armas y no con quien ocupa el palacio presidencial. Para Rubio, Rodríguez Castro representa una generación que, aunque ligada al apellido dinástico, posee una visión más empresarial y menos ideológica, capaz de entender que el modelo comunista ya colapsó. Al reconocerlo como interlocutor, Estados Unidos apuesta por una transición controlada desde dentro, buscando que el ejército cubano no se oponga al cambio, sino que sea el garante de una salida negociada que evite un vacío de poder caótico o una guerra civil.
Escenario: Dentro de las condiciones que se barajan en estas mesas de negociación paralelas, el tema de los derechos humanos y la propiedad privada ocupa un lugar central. La liberación inmediata de los prisioneros políticos es una exigencia no negociable para cualquier alivio de las sanciones. Washington deja claro que no llegarán los capitales ni reconocimiento diplomático mientras las cárceles cubanas alberguen a quienes disienten del sistema. Paralelamente, está sobre la mesa el tema de las compensaciones por las expropiaciones realizadas al inicio de la Revolución.
Aunque parece una tarea titánica, se exploran mecanismos financieros donde los antiguos propietarios o sus descendientes puedan recibir compensaciones a través de fondos de inversión o derechos preferenciales en la futura reconstrucción económica del país. Este punto es vital para atraer la inversión estadounidense que Cuba necesitará desesperadamente para reconstruir su infraestructura energética y productiva, que hoy se encuentra en ruinas.
Desenlace: El horizonte para Cuba apunta hacia un gobierno de transición y una profunda reforma económica. No se trata ya de los tímidos ajustes del pasado, sino de una apertura total hacia una economía de mercado. La presión de la realidad, con una inflación galopante y la falta de divisas, está forzando a los propios cuadros del régimen a considerar el desmantelamiento del monopolio estatal. El plan de estabilización que se discute incluiría la unificación cambiaria, la autonomía empresarial real y la entrada masiva de inversión extranjera.
Un gobierno de transición, posiblemente integrado por tecnócratas y figuras del actual sistema sin vínculos a la represión asumida por Washington con la misión de organizar elecciones libres en un plazo determinado. El éxito de este proceso dependerá que el diálogo entre Rubio y el círculo cercano a los Castro logre establecer garantías creíbles para ambas partes, transformando la actual crisis de subsistencia en una oportunidad de reconstrucción nacional bajo un nuevo paradigma político y económico.








