Africam Safari: El santuario donde la libertad tiene nombre propio


Por: Angélica Armenta

En el corazón de Valsequillo, Puebla, el aire se siente distinto. No es solo la brisa del lago, es el rugido de un león a lo lejos y el crujir de las ramas bajo el paso de un elefante lo que recuerda que aquí, el ser humano es solo un espectador. Africam Safari, fundado por el capitán Carlos Camacho Espíritu hace más de cinco décadas, ha dejado de ser un simple zoológico para convertirse en un oasis de conservación global, donde la frontera entre la civilización y lo salvaje se desvanece al cerrar la ventanilla del auto.

Cruzar el umbral del parque es entrar a una cápsula del tiempo y la geografía. En un solo recorrido, la sabana africana convive con la selva tropical y las estepas asiáticas. La magia reside en la cercanía: ver a una jirafa estirar su cuello infinito a centímetros de tu espejo retrovisor o sentir la mirada fija de un tigre mientras atraviesas su territorio. Es una experiencia de humildad ante la naturaleza, diseñada no para exhibir animales, sino para que ellos nos permitan entrar, por un momento, a su mundo de libertad controlada.

Sin duda, el parque ha vivido un renacimiento mediático y emocional tras el rescate de la jirafa Benito. Su llegada desde Ciudad Juárez no fue solo un movimiento logístico, fue un acto de amor que mantuvo a todo México en vilo. Hoy, ver a Benito integrado a su nueva familia, trotando bajo el sol poblano, se ha convertido en el símbolo de la misión de la familia Camacho: rescatar lo que parece perdido. Esta labor de conservación se extiende a especies críticas como el lobo mexicano y el águila real, haciendo de cada entrada un donativo directo a la vida.

Pero Africam no es solo para el día. Al caer el sol, el safari nocturno transforma el parque en un escenario de sombras y sonidos ancestrales. Las fogatas, los relatos de los guías y el comportamiento de las especies nocturnas ofrecen una perspectiva mística que pocos lugares en el mundo pueden igualar. Es el recordatorio de que la naturaleza nunca duerme y que Puebla resguarda uno de los reservorios genéticos más importantes del continente.

Visitar Africam Safari es, en esencia, una lección de vida para las nuevas generaciones. En un mundo cada vez más digital, reconectar con el olor de la tierra húmeda y la majestuosidad de un rinoceronte blanco es un bálsamo necesario. El legado del Capitán Camacho sigue vivo en cada cría que nace y en cada visitante que sale del parque con una idea clara: no somos dueños del planeta, somos sus guardianes. Atreverse a vivir esta aventura es entender por qué, en Puebla, la vida salvaje encontró su hogar definitivo.


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