África después de Francia


Por: Gilberto Solorza

Hace más de un siglo, las potencias europeas se repartieron África como si fuera un pastel. Trazaron fronteras y establecieron colonias que obedecían únicamente a intereses económicos y estratégicos de París, Londres, Berlín y otros centros de poder europeos. Con el tiempo, la mayoría de estas naciones africanas logró independizarse, pero Francia mantuvo un control persistente sobre amplias regiones de África francófona. A menudo este control se disfrazó de cooperación.

Hoy, tras décadas de influencia, la historia muestra un cambio claro. Francia es casi la única potencia que sigue intentando sostener un poder que los propios africanos cuestionan y rechazan cada vez con más fuerza.

Movimientos antifranceses y resistencia en el Sahel

En la última década, los movimientos anticolonialistas en el Sahel han cobrado fuerza, impulsados por un rechazo generalizado al sistema conocido como «Françafrique». Países como Mali, Burkina Faso y Níger han experimentado golpes de Estado y levantamientos civiles motivados por el deseo de poner fin a la dependencia económica, militar y política hacia Francia. Esta estructura mantiene el control sobre recursos estratégicos, como el uranio, y limita la soberanía real de las naciones africanas mediante instrumentos como la moneda colonial CFA.

El fracaso de la intervención militar francesa ha sido uno de los detonantes más visibles de esta resistencia. Desde 2012, la operación «Barkhane» desplegó a unos 4,500 efectivos en la región con la promesa de combatir a grupos terroristas. Sin embargo, el yihadismo no solo no se detuvo, sino que la inseguridad aumentó, provocando desplazamientos forzados y un deterioro generalizado de las condiciones de vida. La población y los militares percibieron que la presencia francesa estaba más orientada a proteger intereses económicos y mantener regímenes corruptos aliados que a resolver los problemas locales.

El rechazo a Francia se ha expresado de forma contundente. Entre 2020 y 2022, Mali y Burkina Faso vivieron golpes de Estado con motivaciones claramente antifrancesas. Incluyeron la expulsión formal de bases militares francesas en Mali en mayo de 2022. Los enfrentamientos contra convoyes militares y las manifestaciones masivas evidencian un descontento que trasciende la política militar. También incorporan críticas a la intervención en conflictos pasados, como la guerra en Libia en 2011 y la operación en Costa de Marfil.

Líderes políticos y militares han denunciado públicamente el neocolonialismo, el saqueo de recursos y el apoyo indirecto a grupos terroristas. Estas declaraciones legitimaron la demanda de soberanía y autodeterminación en toda África francófona. Los jóvenes militares de la región crearon la Alianza del Sahel. Este esfuerzo conjunto busca eliminar la presencia francesa, combatir el terrorismo y sustituir la moneda CFA. La retirada reciente de tropas de Níger y Mali refleja un cambio histórico en la relación entre Francia y sus antiguas colonias. Muestra que la influencia europea ya no es automática ni incuestionable.

Diferencias regionales y perspectivas de desarrollo

Mientras en algunas partes del Sahel persisten los conflictos, la crisis multidimensional y los desafíos económicos, otros países han comenzado a mostrar señales de transformación. Burkina Faso destaca con un crecimiento económico del 4.9% en 2024, acelerando respecto al 3.0% de 2023. El PIB per cápita aumentó también. Esto se debe principalmente al buen desempeño de los sectores de servicios y agricultura, apoyados por mejor seguridad y condiciones climáticas favorables. El país redujo la pobreza extrema en 3 puntos porcentuales hasta un 23.2%, aunque aún enfrenta importantes desafíos.

El Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social 2021-2025 impulsa un modelo más verde e inclusivo, con énfasis en empleo, sostenibilidad y asociaciones público-privadas. Se implementan reformas para atraer al sector privado. Se promueven también alianzas público-privadas. La energía y la electrificación juegan un papel clave en esta transformación. Los esfuerzos buscan ampliar el acceso a electricidad, especialmente off-grid, y modernizar la gestión del sector para reducir costos y vulnerabilidades. Esto facilita la productividad industrial y agrícola.

Además, se observan crecimientos en los sectores de servicios y agricultura y expectativas de recuperación industrial basadas en la mejoría del acceso energético. Sin embargo, la situación sigue siendo desigual. En otras zonas del Sahel y África francófona continúan guerras civiles, insurgencias y crisis humanitarias. La retirada o limitación del apoyo militar francés ha dejado territorios vulnerables. La incapacidad de los Estados locales para controlar completamente sus regiones mantiene la inseguridad y la inestabilidad.

Francia enfrenta hoy un dilema. Con retiradas militares y reducción de poder político, le resulta cada vez más difícil conservar influencia en la región. Mientras tanto, resurgen con fuerza los reclamos de independencia, soberanía y autodeterminación que hace décadas parecían lejanos. África ya no es un pastel dividido. Es un continente en movimiento, reclamando su destino lejos del control francés.

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