columna

Abducción

PULSO

Por Eduardo Meraz

Ciudad de México.- Una vez convenida la paz en la guerra entre Estados Unidos e Irán, ¿es posible que en México se produzca una abducción de narco políticos semejante a la que algunos imaginan en torno a Nicolás Maduro en Venezuela?

La idea no es nueva; desde hace décadas, México ha sido escenario de rumores, filtraciones y teorías sobre la connivencia entre ciertos sectores políticos y el narcotráfico.

Pero ahora parece cobrar mayor relevancia, ante las acusaciones y exigencias de Estados Unidos hacia el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, para extraditar a malos funcionarios públicos, como “los 10 de Sinaloa” o los alrededor de medio centenar a los cuales se les revocó la visa estadounidense.

Porque debe decirse, entre los muchos cambios acuñados en los tiempos de la 4T, se encuentra justamente el de “narco político”, convertido en un fantasma deambulando por pasillos legislativos, campañas electorales y despachos gubernamentales.

Así como Morena aprovechó el poder para denominar a sus oponentes según las ocurrencias y estados de ánimo de los titulares del ejecutivo federal, pasado y presente, hoy el movimiento morenista ha sido rebautizado con el término de narco-políticos, como sello distintivo e indeleble.

Y ante la ofensiva del presidente Donald Trump y su gabinete por romper con la sólida connivencia entre ciertos sectores políticos y el narcotráfico, muchos de los nombres distinguidos y sin lustre -no ilustres- han empezado a poner sus barbas a remojar, en tanto buscan afinar y refinar sus dotes escapistas.

Ello, porque la noción de una “extracción” —ese acto casi cinematográfico en el cual fuerzas externas logran arrancar del poder a un dirigente acusado de vínculos con el crimen organizado— abre un terreno de especulación, donde se mezcla la geopolítica con la literatura de suspenso.

El caso de Nicolás Maduro, más allá de las interpretaciones, ha sido leído por muchos como un ejemplo de cómo la presión internacional puede cercar a un régimen acusado de corrupción, narcotráfico y represión.

México observa ese espejo con inquietud. Aquí, la narrativa del narco poder no se limita a un solo hombre ni a un partido: es un entramado extendido como raíces bajo la tierra: gobernadores, alcaldes, diputados, senadores, policías y hasta empresarios han sido señalados en informes oficiales y periodísticos por sus vínculos con cárteles.

Una extracción al estilo venezolano implicaría la intervención de fuerzas externas —quizá agencias internacionales, quizá gobiernos extranjeros— en un terreno donde la soberanía es un principio casi sagrado.

Pero el perfeccionamiento de la técnica, podría alcanzar un grado de excelsitud y convertirse en una especie de abducción, donde no quede huella, que no y que no, que no quede huella.

Se trataría de un acto casi de prestidigitador, pues pensar en helicópteros sobrevolando la capital para llevarse a un narco político, es imaginar un choque frontal con la memoria nacional.

Sin embargo, la fragilidad institucional abre grietas, sobre todo cuando la justicia mexicana parece incapaz de procesar a ciertos personajes, los expedientes se archivan y los jueces se doblan, la tentación de fuerzas extraterritoriales se vuelve más fuerte.

Ya ha ocurrido: extradiciones de capos hacia Estados Unidos han sido posibles gracias a la cooperación bilateral. ¿Podría esa lógica extenderse a figuras políticas?

Sin embargo, ante las dimensiones documentadas por los medios de comunicación y las agencias de inteligencia de México y Estados Unidos, la idea de una extracción no necesariamente se interpretaría como un operativo militar, sino la expulsión política y moral de quienes han traicionado al país.

México vive, de un lado, con la esperanza de que las instituciones se fortalezcan y logren procesar a los narco políticos con sus propios mecanismos; del otro, el miedo de que la corrupción sea tan profunda que solo una intervención externa pueda arrancar de raíz el mal.

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La pregunta, entonces, no es si existe el narco poder, sino si ¿el régimen actual soportaría vivir una operación semejante a la vivida en Caracas?

He dicho.

EFECTO DOMINÓ

Cuando el mal ejemplo cunde, no hay manera de salvarse. Al más puro estilo de los informes del gabinete de seguridad de México, el FBI anunció hace unos días:

Operativos realizados contra el crimen organizado en la frontera común entre México y Estados Unidos, permitió la captura de mil 300 capos de cárteles mexicanos en 423 acciones.

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