PULSO
Por Eduardo Meraz
Ciudad de México.– No fue necesario esperar dos años para darnos cuenta de la falsedad del “sueño americano” para los estadounidenses, prometido por el presidente Donald Trump, cuyas ocurrencias, caprichos y políticas fallidas se parecen tanto a las fantasías del ex presidente López Obrador y su cuarta transformación.
Presentado trumpianamente como una nueva época de prosperidad para los estadounidenses, comienza a mostrar grietas en su estructura, no por obra de sus adversarios, sino por el peso de sus propias contradicciones, pues los sueños políticos suelen durar menos respecto de las campañas electorales.
Las dimensiones económicas de México y Estados Unidos, prácticamente son la única diferencia entre ambos país. Mientras en de este lado del Río Bravo, la 4T es el enigma y el estigma imposible de descifrar por los mexicanos, más allá de la palabrería hueca de la feligresía morenista, en territorio norteamericano, por sus resultados, nadie confía en el MAGA (Make American Great Again).Y por lo mismo, en estas similitudes involuntarias, aunque con el mismo molde populista y afeites verbales, los resultados de las elecciones intermedias en Estados Unidos de renovación del Congreso, podrían tener su paralelo en las elecciones de medio camino en México, en junio del año próximo.
Los liderazgos construidos sobre la exaltación personal, la polarización permanente y la promesa de una transformación histórica suelen terminar enfrentándose al mismo enemigo: la realidad.
Ambos movimientos alimentaron la ilusión de una renovación profunda; ambos encontraron en el pueblo un sujeto casi mítico y en sus adversarios una fuente inagotable de culpables; ambos construyeron narrativas más poderosas que los resultados.
El grave peligro para los ciudadanos de ambas naciones no está únicamente en el resultado electoral, cuando el partido en el poder pierda la mayoría para actuar casi sin contrapesos, es el poder de veto al cual Donald Trump pretende recurrir para impedir le impongan agenda y manejo de recursos.
Las elecciones intermedias en Estados Unidos podrían representar precisamente ese momento,no porque vayan a significar necesariamente la derrota definitiva del trumpismo, sino porque podrían reducir significativamente su margen de maniobra política. La pérdida de una mayoría legislativa no sólo limita proyectos; también obliga a negociar, pactar y aceptar contrapesos, algo a lo cual Donald y Claudia son refractarios.
El veto, esa facultad constitucional concebida para equilibrar poderes puede convertirse, en manos de un gobernante inconforme, en una especie de refugio político; porque cuando ya no se puede imponer la voluntad, surge la tentación de impedir la voluntad ajena,cuando se pierde la iniciativa, aparece la estrategia del bloqueo.Ya encarrerados, los mexicanos no debemos desdeñar un posible contagio en la presidenta Claudia Sheinbaum, pues la pérdida de la mayoría calificada restaría validez y eficacia a los planes B, C, D… Z podría orillarla a imitar a “Don Veto”, como la alternativa menos dolorosa por los proyectos fallidos.
El veto dejó de ser un instrumento excepcional para convertirse en una herramienta cotidiana de confrontación. No se gobierna para construir, sino para impedir que otros construyan; no se ejerce el poder para avanzar, sino para detener.Ante la eventual pérdida de una mayoría oficialista, el verdadero desafío radica en la posibilidad de que la convivencia democrática se transforme en una guerra permanente entre instituciones. Un país donde cada decisión termina atrapada entre la confrontación partidista y el cálculo electoral corre el peligro de paralizarse desde dentro.
Quizá por eso conviene prestar atención a lo que sucede al norte del Río Bravo, no porque el destino de México dependa de Washington, sino porque las democracias contemporáneas parecen compartir síntomas semejantes.
El culto a los liderazgos providenciales, la sustitución de los resultados por la propaganda y la creciente incapacidad para construir consensos son males que no respetan fronteras.
Al final, el verdadero peligro no es que aparezca un «Don Veto» en una u otra nación.
El riesgo mayor es que las sociedades terminen aceptando como normal que gobernar signifique obstruir y que la política deje de ser el arte de resolver conflictos para convertirse en la simple habilidad de prolongarlos.
He dicho.
EFECTO DOMINÓ
El peso de la transición demográfica en México se ha instalado en las finanzas públicas. A septiembre, prácticamente uno de cada cuatro pesos del gasto, 24 por ciento, fue para pagar tanto las pensiones contributivas como las del ingreso universal para adultos mayores de 65 años y mujeres con más de 60 años.








