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columna

Espejo

PULSO

Eduardo Meraz

Frases pronunciadas en el momento adecuado, terminan por convertirse en espejos; reflejan no sólo a quienes las escuchan, sino también a quien las pronuncia.

Por eso, debemos darle la razón, sin regateo alguno, al gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, cuando asevera: ‘no todos los que ganan sirven al movimiento’, pues él y la gran mayoría de los gobernantes morenistas, han sido leales, más no capaces al frente de los ejecutivos estatales.

Una sentencia breve, contundente y, por las vueltas de la política mexicana, inevitablemente autobiográfica.

Las encuestas compradas a lo largo de casi cinco años al frente de sus respectivas entidades federativas, casi siempre les dan calificación aprobatoria -de panzazo- en materia de popularidad, pero en cuestiones de gobernanza, tienen calificaciones reprobatorias.

Durazo es un típico ejemplo de la congruencia en principios y convicciones: militante priista durante un buen número de años, hasta convertirse en secretario particular de Luis Donaldo Colosio Murrieta, para de ahí saltar a las filas blanquiazules y convertirse en particular del presidente Vicente Fox.

Separado de ese cargo, Alfonso Durazo dio otra machincuepa para caer de pie con López Obrador y convertirse en secretario de Seguridad Pública, puesto desde el cual fue pieza clave para liberar a Ovidio Guzmán López y, desde la omisión, favorecer la expansión del crimen organizado en México.

Al amparo de tales circunstancias y con base en las relaciones públicas y privadas atesoradas, bien monetizadas, respaldadas por los poderes fácticos llegó al gobierno de Sonora, por cuyo territorio el huachicol fiscal encontró buques, ferrocarriles y caminos de tránsito libre.

Durante años se ha confundido la popularidad con la eficacia, la presencia mediática con la capacidad administrativa y la lealtad política con la aptitud para gobernar.

La consecuencia es visible en buena parte de las entidades gobernadas por Morena; ganar encuestas mediante incentivos indebidos y perversos -de los cuales Durazo tiene amplio bagaje- no garantiza el compromiso con los principios del movimiento.

Como si se hiciera un autorretrato, el presidente del Consejo Nacional de Morena, cuestionó las prácticas de quienes buscanaumentar artificialmente su popularidad mediante pagos a medios de comunicación.

Los mandatarios suelen aparecer bien posicionados en encuestas de aprobación cuya metodología muchas veces resulta tan opaca como generosa; sin embargo, cuando el ciudadano abandona el terreno de las percepciones y pisa el de las realidades, el paisaje se torna menos favorable.

La inseguridad persiste, los servicios públicos muestran deficiencias, la infraestructura avanza a ritmos desiguales y las expectativas de transformación suelen tropezar con la pesada burocracia de siempre.

La popularidad puede comprarse, promoverse o construirse mediante aparatos de propaganda; la gobernanza, en cambio, exige resultados tangibles.

Un político puede aparecer todos los días en la prensa, multiplicar su presencia en redes sociales y liderar encuestas, puede -incluso- convertirse en el favorito de una estructura partidista.

Ninguna de esas condiciones garantiza que posea la sensibilidad, la experiencia o el carácter para ejercer el poder. Peor aún, las relaciones y alianzas oscuras con los poderes fácticos suelen tergiversar las acciones de gobierno.

Muchos de los cuadros que hoy ocupan responsabilidades relevantes fueron aceptados por la misma lógica pragmática que ahora se cuestiona: se privilegió la capacidad de ganar elecciones sobre la consistencia doctrinal y el resultado fue un movimiento exitoso en las urnas, pero frecuentemente carente de calidad en sus gobiernos.

Por tal motivo, en el caso del cuatroteísmo se trata de una enfermedad endémica, pues no todos los que ganan sirven, aun cuando encabecen encuestas, ni están preparados para gobernar, aún si alcanzan posiciones de poder.

Morena enfrenta hoy precisamente ese dilema; el partido que nació como movimiento de protesta y regeneración se ha convertido en la principal fuerza política que degrada el desarrollo del país.

Y es el espejo en el cual Alfonso Durazo y los dirigentes y líderes partidistas se ven reflejados, como en las antiguas barberías, donde las imágenes se reproducen hasta el infinito.

He dicho.

EFECTO DOMINÓ

Existen tantas tensiones en el cuatroteísmo, que hasta los aliados tratan de tomar algo de distancia, no vaya a ser que tales pujas sean preámbulo de un retorno de los brujos.

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