columna

Monzón morenista

PULSO

Eduardo Meraz

Sin terminar la temporada del monzón y antes de la llegada de los frentes fríos, los cambios climático-políticos en el cuatroteísmo amenazan con anegar varias candidaturas a gubernaturas, presidencias municipales, así como diputaciones y congelar los sufragios en favor del partido guinda.

Hay tormentas que llegan anunciadas por el cielo oscuro y otras que comienzan silenciosamente, cuando nadie quiere mirar las nubes que se acumulan sobre el horizonte y en Morena parece estar ocurriendo algo parecido.

Las lluvias sobre mojado sobre el derroche, declaraciones infortunadas y actos de corrupción en los cuales se ven involucrados los más connotados hombres y mujeres del morenismo rampante, han convertido el proceso interno de selección de candidatos en un lucha en lodo de antología.

Morena enfrenta así una paradoja: mientras presume unidad hacia afuera, hacia adentro crecen las corrientes que empujan en direcciones distintas.

Aun cuando se reitere como mantra la inexistencia de divisiones en su interior, para muchos ya es innegable la existencia de una especie de batalla campal, de mascara contra caballera entre rudos y técnicos.

De un lado, quienes sienten que la herencia política de Palenque debe conservar influencia; del otro, quienes consideran que el verdadero centro de gravedad se encuentra en Palacio Nacional.

Ambos grupos pueden negar la existencia de una fractura, pero la política tiene una característica incómoda: tarde o temprano, las ambiciones terminan hablando más fuerte que los comunicados.

En ese sentido, como si se tratara de una versión light de la guerra entre “chapitos” y “mayitos”, se velan armas, denuncias, trampas, zancadillas y hasta pellizcos para lograr la ansiada candidatura. Y aun cuando nadie lo desea, no puede descartarse la aparición de violencia política y homicidios.

Y no sólo entre aspirantes guindas, sino también se extendería este comportamiento virulento a los demás partidos políticos, sobre todo porque los “financieros outsider” de las campañas, quieren tener la garantía de triunfo de su apadrinado.

El poder tiene una extraña manera de desnudar a los partidos. Cuando ganar parece posible, todos quieren ser protagonistas; cuando los cargos representan presupuesto, influencia y futuro político, las diferencias dejan de ser matices y comienzan a convertirse en trincheras.

De otra parte, en esta temporada de lluvias torrenciales, granizadas y desbordamientos de ríos, al menos en términos de legalidad, hemos visto como el árbitro y el juez de la contienda electoral han dejado constancia plena e irrefutable de su predilección -subordinación, dirían otros- a los dictados de la mayoría en el poder.

Algoritmos, acordeones, campañas adelantadísimas y otras marrullerías pasan frente a los ojos de la mayoría de consejeros y magistrados electorales sin que las vean y mucho menos las sanciones. A cambio, ya se relamen los bigotes con el jugosos presupuesto para las elecciones de 2027.

En suma, México sabe demasiado bien lo que ocurre cuando el dinero, la política y los intereses territoriales se encuentran sin controles eficaces.

Por eso no debería tomarse a la ligera la posibilidad de que la confrontación alcance niveles más peligrosos.

Las elecciones de 2027 serán mucho más que una jornada electoral; serán una prueba para Morena, para los partidos opositores y, sobre todo, para las instituciones encargadas de garantizar la competencia.

El partido guinda puede llegar con una maquinaria electoral poderosa, pero ninguna maquinaria es indestructible.

Las fracturas internas, los excesos, los escándalos y la lucha por las candidaturas pueden terminar erosionando aquello que las encuestas y los discursos todavía presentan como fortaleza.

Tiene la oportunidad de probar que puede procesar sus diferencias sin convertirlas en vendettas, que puede seleccionar candidatos sin recurrir a simulaciones y que puede competir sin convertir al adversario en enemigo.

Esto viene a cuento porque, la proximidad de los frentes fríos puede convertirse en el congelador de muchas aspiraciones políticas, sobre todo si vienen del norte, ya sea con rachas de retiro de visas o denuncias en contra de “distinguidos” morenistas.

Quienes logre sobrevivir a la temporada invernal, tendrán la posibilidad de renacer en la primavera y ver si el inicio del monzón de 2027, no ahoga sus aspiraciones.

Porque las tormentas políticas, como las naturales, no distinguen entre quienes las niegan y quienes las reconocen.

Sin olvidar que son los ciudadanos quienes decidirán, frente a las urnas, quién merece atravesar la tormenta y quién debe quedar sepultado bajo el lodo.

El monzón puede limpiar el paisaje, pero también puede arrastrar lo que parecía firmemente construido.

He dicho.

EFECTO DOMINÓ

Con más de 133 mil desaparecidos, 99% de impunidad y 93% de los delitos sin denunciar, no se puede hablar de paz en México donde hay una fuerte crisis de justicia y debilidad institucional, acusó el Rector de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, (Ibero) Luis Arriaga Valenzuela.

Redaccion

Medio digital independiente enfocado en información verificable, cobertura institucional y análisis de temas públicos de interés para la ciudadanía.

Empieza tu día bien informado con las noticias más relevantes.

AA

MÁS NOTICIAS