Por: Redacción
La prevención y el reconocimiento temprano de síntomas como la desorientación y la fiebre alta son claves para reducir la mortalidad por olas de calor en la población.
Ciudad de México.- El incremento en la frecuencia e intensidad de las olas de calor se ha consolidado como un desafío crítico para la salud pública global. De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los golpes de calor representan actualmente la principal causa de defunción relacionada con el clima. Esta tendencia es particularmente alarmante en sectores vulnerables, registrando un aumento del 85% en la mortalidad de personas mayores de 65 años en las últimas dos décadas, lo que exige una respuesta preventiva inmediata por parte de la ciudadanía.
La vulnerabilidad ante las altas temperaturas no es uniforme. Además de los adultos mayores, los lactantes y niños pequeños presentan un riesgo elevado debido a que su sistema de termorregulación no ha madurado completamente. Asimismo, personas con enfermedades crónicas —como diabetes o afecciones cardiovasculares— y trabajadores que realizan actividades al aire libre deben extremar precauciones, ya que la exposición prolongada puede derivar en fallas multiorgánicas si no se interviene a tiempo.
Identificar un golpe de calor de manera oportuna puede marcar la diferencia entre la recuperación y un desenlace fatal. Los signos de alerta incluyen una temperatura corporal superior a los 39°C, piel roja y seca, náuseas y, de forma crítica, alteraciones en el estado mental como confusión o irritabilidad. Ante la presencia de estos síntomas, es fundamental trasladar a la persona a un lugar fresco, aplicar paños húmedos en zonas clave como axilas e ingles, y solicitar asistencia médica de urgencia sin administrar líquidos si el paciente no está plenamente consciente.
Para mitigar los riesgos, las autoridades sanitarias recomiendan mantener una hidratación constante con agua natural, evitando bebidas alcohólicas o con altas dosis de azúcar que aceleran la deshidratación. En el hogar, se aconseja mantener persianas cerradas durante las horas de mayor radiación y limitar la actividad física intensa entre las 11:00 y las 17:00 horas. Estas medidas de barrera, junto con el uso de vestimenta ligera y clara, son herramientas esenciales para reducir el impacto térmico en el organismo.
Con el verano de 2026 proyectándose como uno de los más calurosos registrados, la adopción de estos protocolos preventivos se vuelve una prioridad para salvaguardar la integridad física y reducir la presión sobre los servicios de emergencia.
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