Una diosa prehispánica regresa para explicar el mayor problema actual, la crisis de credibilidad. Ivette Estrada, autora del libro, advierte que la reputación ya no depende de lo que dices, sino de lo que haces
Por Angélica Armenta
Ciudad de México.- En un contexto donde predomina la desconfianza, la polarización y la sobreexposición digital, una figura de la cosmovisión prehispánica entra a la discusión contemporánea, Coatlicue.
Lejos de tratarse de un ejercicio académico, Relaciones públicas según Coatlicue, de la autora Ivette Estrada, propone una idea incómoda pero actual, la reputación no se construye con discursos, sino con acciones, y puede caer desde el interior de cualquier institución.
El libro plantea una reinterpretación de Coatlicue —deidad asociada a la vida, la muerte y el renacimiento— como metáfora de la comunicación estratégica en contextos de crisis.
Especialistas reunidos en la presentación del libro coincidieron en que esta figura permite entender la dificultad de la reputación pública en un entorno donde las narrativas compiten constantemente por imponer su versión de la realidad.
Más allá de la imagen, la crítica a la comunicación superficial
Uno de los ejes centrales del análisis es la crítica al uso tradicional de las relaciones públicas como herramienta de imagen.
Los ponentes subrayaron que el texto rompe con esa visión y plantea que la comunicación efectiva no radica en “parecer”, sino en sostener coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. La reputación, se insistió, no se construye con campañas, sino en las acciones cotidianas.



El libro introduce un elemento importante en la gestión de la comunicación, las crisis no siempre provienen del exterior.
A partir de la historia mitológica, se expone cómo las amenazas internas —conflictos, incongruencias o fallas estructurales— pueden convertirse en el principal factor de desgaste reputacional.
Este enfoque conecta con problemáticas actuales en instituciones públicas, empresas y figuras públicas, donde la pérdida de credibilidad suele originarse desde dentro.
Durante el evento se destacó que la obra cobra relevancia en el contexto mexicano actual, caracterizado por una fuerte polarización política y social.
En este escenario, la comunicación deja de ser un canal informativo para convertirse en un campo de choque, donde no solo importan los hechos, sino la capacidad de posicionarlos.
De manual técnico a herramienta social
Académicos y especialistas coincidieron en que el libro funciona como un manual didáctico accesible, aplicable tanto a instituciones como a la vida cotidiana.
Su alcance, señalaron, va más allá del ámbito profesional:
- Puede aplicarse en la familia
- En la construcción de identidad personal
- Y en la formación de nuevas generaciones
Incluso se planteó la necesidad de replantear la enseñanza de la comunicación en universidades, enfocándose en valores como la honestidad, la transparencia y la congruencia frente a modelos centrados en la propaganda.
Comunicación, ética y nuevas generaciones
También se hizo un llamado a formar profesionales capaces de enfrentar un entorno donde ha predominado el escepticismo y la saturación informativa.
El texto propone un cambio de paradigma, pasar de una comunicación centrada en la percepción a una basada en la credibilidad.
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En un entorno donde todos comunican —instituciones, marcas y personas—, la obra plantea una advertencia la construcción de la reputación ya no depende únicamente del mensaje, sino de la coherencia entre discurso, acción y contexto.
En ese sentido, la figura de Coatlicue no solo recupera su valor cultural, sino que se posiciona como una herramienta simbólica para entender los retos de la comunicación en el siglo XXI.










