Crónica de un «Walk-off»: El milagro escarlata


Por: Javier Valdovinos

En el último suspiro, Diablos Rojos Femenil logra la victoria ante Olmecas


CIUDAD DE MÉXICO. Hay noches donde el Estadio Alfredo Harp Helú no solo es un recinto deportivo, sino un caldero de emociones donde el tiempo parece detenerse.

La tarde caía y el duelo de pitcheo entre Diablos Rojos Femenil y las Olmecas de Tabasco se sentía como una partida de ajedrez. Durante siete entradas, el silencio tenso de la tribuna solo era roto por el golpe seco de la pelota en el guante; un 1-1 que olía a drama y que arrastró a los espectadores hasta la frontera de los extrainnings.

En la octava, el cielo parecía desplomarse sobre las locales. Olmecas tomó ventaja y el estadio quedó sumergido en un murmullo de nerviosismo. Vino el último turno para el México. En el dugout escarlata el aire era distinto; no había derrota, solo espera. Fue entonces cuando Joselyn Hernández tomó el madero, no esperó el estudio, no buscó la cortesía: al primer pitcheo, mandó una línea que no solo empató el juego, sino que despertó al «Diamante de Fuego» de su letargo.

El clímax llegó con el turno de Ximena Guerrero. Con la adrenalina corriendo por las bases y el corazón de la afición latiendo en cada rincón del estadio, Guerrero conectó una línea salvaje sobre la raya de tercera. En ese instante, Joselyn Hernández voló. No corría hacia el plato, corría hacia la historia. Al cruzar la registradora, el estadio estalló en un solo grito. Fue la quinta vez que las Diablos dejaban tendido al rival.

Mientras las jugadoras se fundían en un abrazo de júbilo en el centro del diamante, la figura de Carley Hoover resaltaba tras una labor titánica de ocho entradas. La fatiga en su rostro se transformó en una sonrisa de triunfo; su victoria número diez no fue obra de la suerte, sino de una resistencia de acero. Las gradas, pintadas de rojo, no querían desalojar el recinto. La sensación de haber sido testigos de un milagro deportivo flotaba en el aire húmedo de la capital, recordando que, en el Infierno, la última palabra siempre la tiene el Diablo.

Con esta victoria de 3-2, el México no solo suma un número a su récord de 16-4, sino que inyecta una dosis de mística a su camino hacia la postemporada. Este viernes, el diamante volverá a abrir sus puertas, pero la huella de esta remontada épica ya quedó grabada en el concreto del Harp Helú. Porque en este equipo, el último out no es el final, es solo el preludio de una hazaña más.


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