Mientras Donald Trump se adjudica la caída del líder del CJNG, la presidenta Claudia Sheinbaum confirma que fue una acción exclusiva de fuerzas mexicanas, en medio de una violenta respuesta en tres estados.
CIUDAD DE MÉXICO. La confirmación de la caída de Nemesio Oseguera Cervantes, alias «El Mencho», ha provocado un sismo político y diplomático que pone a prueba la relación entre México y Estados Unidos.



Durante el discurso de Donald Trump se atribuyó el éxito de la operación, presentándola como un logro de su administración en la guerra contra el fentanilo. No obstante, desde Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum fue tajante al aclarar que el operativo fue diseñado y ejecutado íntegramente por fuerzas federales mexicanas en Tapalpa, Jalisco. Sheinbaum subrayó que, aunque el resultado fue el abatimiento del líder criminal, la política del Estado mexicano permanece firme: justicia, atención a las causas y, sobre todo, respeto absoluto a la soberanía nacional.
La desarticulación de la cúpula del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) detonó una reacción violenta inmediata en el occidente y centro-norte del país. Se han contabilizado más de 250 bloqueos en arterias viales estratégicas de Jalisco, Michoacán y Zacatecas, afectando no solo la movilidad ciudadana, sino también el flujo comercial hacia la frontera norte. A pesar de que la Guardia Nacional y el Ejército Mexicano han logrado liberar la mayoría de los puntos críticos, la zozobra persiste en las regiones serranas, donde el grupo mantiene una estructura operativa profunda y donde el costo humano ya se ha cobrado la vida de elementos de seguridad en cumplimiento de su deber.
En este contexto de inestabilidad, la zar antidrogas de EE.UU., Sara Carter, arribó a la Ciudad de México para una reunión de emergencia con el gabinete de seguridad nacional. El objetivo central fue mitigar la fricción provocada por las declaraciones triunfalistas de Washington y establecer una hoja de ruta para contener la posible fragmentación del cártel. El gobierno de México insistió en que la cooperación bilateral es fundamental, pero siempre bajo el principio de no intervención. La administración Sheinbaum busca evitar que el vacío de poder en la organización criminal derive en una atomización de células delictivas que incremente la violencia local.
Por su parte, el Senado de la República guardó un minuto de silencio y rindió homenaje a los integrantes de la Guardia Nacional caídos durante estas jornadas. Los legisladores coincidieron en que la desarticulación de figuras de alto perfil debe ir acompañada de un fortalecimiento institucional para evitar que las comunidades queden desprotegidas ante las represalias. Mientras tanto, el sector económico ha comenzado a cuantificar las pérdidas por las interrupciones en las cadenas de suministro, urgiendo al Estado a garantizar la seguridad en las carreteras para evitar un impacto mayor en el PIB nacional.
Finalmente, el país se encuentra en una fase de vigilancia extrema. La respuesta del Estado mexicano en las próximas horas será determinante para definir si este golpe estratégico conduce a un debilitamiento estructural del narcotráfico o si, por el contrario, marca el inicio de una nueva etapa de inestabilidad regional. La Embajada de EE.UU. ha recomendado precaución extrema a sus ciudadanos en las zonas afectadas, mientras el gobierno federal concentra sus esfuerzos en restablecer el orden y demostrar que la justicia social y la fuerza de la ley pueden caminar de la mano hacia una paz duradera.
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