En un movimiento que equilibra la cortesía diplomática con la firmeza de sus principios históricos, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, confirmó que el país no se integrará como miembro pleno a la Junta de Paz para Medio Oriente convocada por Donald Trump.
En su lugar, el Estado mexicano mantendrá una presencia estratégica bajo la figura de observador, enviando una representación técnica de alto nivel encabezada por el embajador ante la ONU, Héctor Vasconcelos. Esta decisión marca una línea clara en la política exterior mexicana: participar en los foros globales sin comprometer el reconocimiento de soberanía que México otorga a ambas partes en conflicto.
La postura de Palacio Nacional es coherente con la tradición diplomática del país. Sheinbaum subrayó que, al reconocer formalmente a Palestina como un Estado, México no puede adherirse plenamente a una iniciativa que no contemple una mesa de diálogo paritaria entre Israel y Palestina. «Es importante la participación de ambos Estados. Y no está planteado así en el encuentro», sentenció la mandataria. Con esto, México evita alinearse de forma absoluta con el plan de 20 puntos de la administración Trump, priorizando la neutralidad activa y el respeto al derecho internacional.
La designación de Héctor Vasconcelos como representante técnico no es menor. Se trata de uno de los diplomáticos más experimentados del país, cuya misión será dar seguimiento a las discusiones que buscan poner fin a la guerra entre Israel y Hamás. Mientras naciones latinoamericanas como Argentina y El Salvador han aceptado integrarse plenamente al organismo de Trump, México prefiere la Doctrina Estrada: observar, analizar y mantenerse presente en los diálogos globales de paz, pero sin intervenir en decisiones que podrían vulnerar su postura de dos Estados soberanos.
Este posicionamiento coloca a México en un grupo selecto de naciones que, si bien reconocen el peso de Washington en la mediación regional, exigen un formato inclusivo para que la paz sea duradera. La participación como observador permite a la administración de Sheinbaum mantener la puerta abierta con la Casa Blanca, al tiempo que reafirma ante la comunidad internacional que la paz en Medio Oriente solo será posible cuando la voz de Palestina tenga el mismo peso que la de Israel en la mesa de negociación.










