Por: Fernando Dávila
La Credencial Universal de Salud frente al desabasto de medicamentos se convirtió este martes en la nueva apuesta del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum para modernizar el sistema público. El proyecto propone unificar, mediante un solo plástico con código QR, los servicios del IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar, con la promesa de un expediente clínico digital accesible en cualquier unidad médica del país.



Sin embargo, mientras el anuncio apunta a la innovación tecnológica, en las salas de espera de hospitales públicos persiste una percepción distinta: la distancia entre la digitalización y la atención médica cotidiana sigue siendo profunda.
Para muchos pacientes, la pregunta surge con naturalidad: ¿de qué sirve una credencial de última generación si, al llegar a la farmacia institucional, los anaqueles continúan vacíos?
A diferencia del sexenio anterior, cuando la Megafarmacia del Bienestar impulsada por Andrés Manuel López Obrador concentró el discurso —y la polémica— sobre el abasto, la estrategia actual se enfoca en el control administrativo y la interoperabilidad de datos. No obstante, las cifras oficiales revelan una contradicción difícil de ignorar.
Subejercicio y crisis en el abasto
Datos de la Secretaría de Hacienda correspondientes a 2025 muestran un subejercicio en salud: durante el primer semestre solo se utilizó el 6.3% del presupuesto destinado a la compra de medicamentos.
Esta parálisis financiera ayuda a explicar por qué tratamientos esenciales para diabetes o hipertensión continúan ausentes, dejando a la Credencial Universal de Salud frente al desabasto de medicamentos como un recurso moderno que no resuelve el problema de fondo.
El descontento no tardó en trasladarse a redes sociales, donde derechohabientes expresan frustración ante un sistema que perciben ajeno a sus necesidades inmediatas. “En lugar de gastar en credenciales, deberían invertir en atención básica y medicamentos”, reclamó una usuaria.
El mensaje se repite: la burocracia avanza más rápido que la medicina.
Para muchos pacientes, la exigencia de un nuevo plástico para ejercer un derecho constitucional resulta innecesaria, sobre todo cuando las instituciones se sostienen con los impuestos de quienes hoy enfrentan filas de más de cuatro horas.
Registro y alcances del programa
El registro de la credencial iniciará el lunes 2 de marzo de 2026 en los Módulos del Bienestar. La primera fase incluirá a 14 estados adscritos al IMSS-Bienestar, mientras que una segunda etapa integrará a nueve entidades más, con cierre previsto para el 31 de diciembre de 2026.
Para realizar el trámite, los derechohabientes deberán presentar acta de nacimiento con CURP visible, identificación oficial con fotografía, comprobante de domicilio reciente y, en el caso de menores de edad, el registro previo del tutor legal con documentación correspondiente.
El gobierno asegura que la credencial permitirá vincular el historial clínico del paciente a una base de datos protegida, lo que facilitará la atención sin costo en clínicas del IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar. Aun así, la experiencia cotidiana en muchas unidades médicas continúa marcada por diagnósticos limitados y la prescripción recurrente de naproxeno o paracetamol ante la falta de opciones.
Mientras el calendario avanza hacia marzo de 2026, el verdadero reto no radica en cuántos códigos QR se escaneen, sino en cuántas recetas logren surtirse. El impacto real de la Credencial Universal de Salud frente al desabasto de medicamentos se medirá en farmacias abastecidas y consultas dignas, no en plásticos nuevos.










