Por: Gilberto Solorza
Pedro Haces, vicecoordinador de Operación Política de Morena en la Cámara de Diputados, instaló el Grupo de Amistad México-Israel el 2 de diciembre de 2025 en sus oficinas de San LáZaro, después de recibir al gran rabino sefardí David Yosef y a un grupo de empresarios mexicanos de origen judío.


Además, el acto cambió de hora y sede porque diputados de Morena y del PT rechazaron el encuentro en el Salón Legisladores y frenaron el acceso al considerar al rabino un promotor de “genocidio” en Gaza.
Un acto sin agenda clara pero cargado de simbolismo
El movimiento buscó, según Haces, atender a quien llega a la Cámara porque él considera que San Lázaro “es la casa del pueblo”, aunque nunca explicó una agenda estratégica para el nuevo grupo.
Por otra parte, la reunión intentó abrir un canal de cooperación bilateral con Israel, pero también exhibió las fisuras internas del oficialismo, que evita cualquier señal de alineamiento con Tel Aviv en medio del conflicto en Palestina. La controversia creció desde la mañana, cuando diputados morenistas y petistas denunciaron invitaciones membretadas y un evento programado en el Salón Legisladores.
A la par, el bloqueo obligó a Haces a mover el acto a sus oficinas y detonó acusaciones de que instaló el grupo “a escondidas”, pese a su insistencia en que actuó por protocolo y no por cálculo político. La presencia del rabino Yosef, líder espiritual del partido ultraortodoxo Shas, endureció el desacuerdo porque algunos legisladores lo relacionan con discursos que justifican la ofensiva israelí en Gaza.
La tensión interna no detuvo a Haces, quien presentó la instalación del grupo como un gesto natural dentro del trabajo parlamentario y encontró respaldo en su propia trayectoria en Morena y en su relación política con Ricardo Monreal.
Un conflicto que expone la fractura interna del oficialismo
El choque abrió un nuevo episodio en la disputa simbólica y política que divide al Congreso mexicano cada vez que surge un pronunciamiento sobre Israel y Palestina. En ese sentido, Morena y sus aliados mantienen un apoyo mayoritario a la causa palestina, pero la existencia de grupos de amistad contrapuestos alimenta un clima de desconfianza donde cualquier reunión funciona como un mensaje geopolítico.
La visita del rabino Yosef reforzó ese ambiente y encendió críticas que apuntan tanto al contexto internacional como al estilo político del propio Haces. Las reacciones más firmes surgieron del grupo parlamentario de Morena encabezado por Olga Luz Escamilla, quien cuestionó la falta de transparencia y exigió que ningún acto relacionado con Israel utilice recintos públicos del Congreso sin discusión previa. Luego, diputados del PT también presionaron para mantener el bloqueo y reiteraron su rechazo a recibir a figuras que, desde su perspectiva, justifican la guerra en Gaza.
Otros legisladores morenistas, sin identificarse públicamente, compartieron la postura y advirtieron que no respaldarán proyectos que interpreten como apoyo al sionismo. Las críticas no modificaron el discurso del diputado, quien afirmó que solo respondió a una visita espontánea y que atendió a los empresarios y al rabino como parte de sus funciones. Después, su explicación no logró borrar la percepción de opacidad que provocaron el cambio de sede, la falta de debate interno y la fuerte carga simbólica que envuelve cualquier vínculo con Israel.
Mientras Haces intenta proyectar el grupo como un mecanismo de cooperación técnica, la mayoría oficialista interpreta su acto como una señal política en un momento marcado por el repudio internacional a la ofensiva en Gaza. La presencia del rabino Yosef también influyó en el tono de la discusión. Finalmente, su liderazgo espiritual dentro de Shas —aliado central del gobierno de Benjamin Netanyahu— lo coloca dentro de la corriente ultraortodoxa que respalda con firmeza las operaciones militares en Gaza.
Aunque Yosef no participa en la Knéset ni dirige políticas públicas, su figura encarna una corriente que impulsa la expansión de asentamientos y una línea dura contra Hamás. Sus posturas, o las que la clase política mexicana le atribuye, reforzaron el rechazo de legisladores oficialistas y avivaron cuestionamientos sobre la pertinencia de su visita a la Cámara.
En paralelo a esa disputa, el grupo de amistad México-Palestina organiza una mesa de análisis con especialistas en derecho internacional para el día siguiente, con la intención de fijar una postura crítica sobre las acciones israelíes y reforzar la narrativa pro-palestina dentro de la Cámara. Además, ese contraste evidencia el nivel de polarización que atraviesa al Congreso y marca la ruta de los debates siguientes.










