Diálogo en el infierno entre gobierno y proveedores
Eduardo Meraz
Ya sin el estorbo del pañuelo blanco, con el cual se pretendía convencer a la población de la ausencia de corrupción, hoy el cuatroteísmo ha decidido oficializar su adhesión a la corrupción, pero ya avalada y legalizada a través de la nueva Ley de Adquisiciones.
Si durante el gobierno del expresidente sin nombre y sin palabra, la “persuasión” era el valor primigenio con el cual el ejército lograba convencer a proveedores y subcontratistas en las obras más emblemáticas -Aeropuerto Felipe Ángeles, refinería Dos Bocas y Tren Maya- a fin de obtener ahorros en la construcción de las mismas.
“Persuasión” que, al final, terminó saliendo más caro el caldo a las albóndigas, pues tanto el trenecito y la refinería costaron tres veces más a lo originalmente programado. Persuasión a la inversa, como lo comprueban estas cifras.
Y lo mismo puede decirse de la adquisición de medicamentos, vacunas, insumos sanitarios; las compras y ventas de productos agrícolas de Segalmex; los apoyos de programas sociales, con cientos de miles de beneficiados inexistentes y un larguísimo etcétera en toda la administración pública.
Así, la nueva Ley de Adquisiciones en vez de ser un simple y minúsculo pañuelo, se ha transformado en una carpa gigantesca, como del tamaño de la Mega farmacia del Bienestar, en la cual bajo el precepto de “diálogos estratégicos”, podrán esconderse o encubrirse los beneficios y beneficiarios, públicos y privados, de las compras públicas.
Si creen esto una exageración, ahí está el Índice de Percepción de Corrupción, el cual ubica a México con 26 puntos de 100, donde 100 es ahí donde no hay corrupción. Por eso, nuestro país ocupa la posición 140 de 180 países; lugar difícil de presumir.
Entre las economías que conforman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), México se ubica en el último lugar de ese grupo, al colocarse en el número 38 de las 38 economías.
Mientras que, en el G20, que incluye a 19 países más la Unión Europea, México está en la penúltima posición, sólo por arriba de Rusia, que obtuvo 22 puntos de 100.
En Latinoamérica, no obstante, México está mejor evaluado que Guatemala, que obtuvo 25 de 100 puntos; Paraguay, que obtuvo 24 de 100; Honduras, que obtuvo 22 de 100; Haití, con 16 de 100; o Nicaragua, con 14 de 100.
Pero México queda por debajo de países como Brasil, que obtuvo 34 de 100; o de Chile, que logró 63 de 100.
En 2023, datos del Inegi apuntaron que 83% de las personas consideraron que la corrupción en México sigue siendo un problema “frecuente o muy frecuente”.
Según el documento, al cierre de 2024, México obtuvo 26 puntos de una escala de 100. En 2023 comenzó la caída, pues bajó a 30 puntos de los 31 obtenidos durante 2020 y 2022, cuando el sexenio inició con una percepción de 28 puntos.
El descenso causa extrañeza en un gobierno cuya principal bandera fue el combate a la corrupción.
El descenso causa extrañeza en un gobierno cuya principal bandera fue el combate a la corrupción. Sin embargo, de acuerdo con las organizaciones que elaboran el informe, entre los factores que influyen en el resultado de México está la no implementación de reformas en materia de transparencia y anticorrupción y, en cambio, la entrada en vigor de la reforma judicial.
Y si bien el “mayoriteo” o “la tiranía guinda” en la Cámara de Diputados sigue funcionando como máquina perfectamente aceitadita, la oposición no se quedó callada y señaló los verdaderos alcances del “nuevo” ordenamiento en materia de compras oficiales: se presta a todas las artimañas de la manipulación de las adjudicaciones.
“Esta ley ha legalizado la corrupción, protege al funcionario y deja en estado de indefensión al ciudadano”. Aunque desechable, el pañuelo blanco es el manto en el cual se cubren y encubren los diálogos en el infierno entre funcionarios y proveedores.
He dicho.
EFECTO DOMINÓ
El fortalecimiento del Plan México, que este jueves dio a conocer la presidenta Sheinbaum Pardo, en realidad se trata de “salvar el Plan México” original.