Por: Javier Valdovinos
Un ataque colectivo de 11 imparables y una sólida apertura de Ricardo Pinto aseguran el primer triunfo capitalino ante más de 18 mil aficionados.
Ciudad de México.- La noche capitalina volvió a latir con fuerza. El “Diamante de Fuego” se transformó en un hervidero de emociones cuando 18,124 almas pintaron de rojo las gradas para recibir la Temporada 2026 de la Liga Mexicana de Beisbol Banorte.












El ambiente fue una mezcla de fiesta popular y ritual deportivo: tambores y cánticos que no cesaron ni un instante, marcando el pulso de un juego que devolvió a la ciudad su pasión beisbolera.
Los Diablos Rojos del México respondieron al llamado con un béisbol agresivo y espectacular. Cada extrabase fue celebrado en un estadio lleno, y los batazos de Robinson Canó y Julián Ornelas encendieron la tribuna con la certeza de que la ofensiva escarlata había recuperado su filo. El público vibró especialmente con el doblete de Maikel Franco, quien convirtió su error en redención y selló el triunfo 4-2, provocando una ovación que se sintió como un rugido colectivo.
En la loma, Ricardo Pinto y Stephen Nogosek fueron los arquitectos silenciosos de la victoria, pero la verdadera magia estuvo en la comunión entre jugadores y aficionados. Cada lanzamiento, cada corrido de bases, cada atrapada se vivió como un acto compartido, un recordatorio de que el béisbol en la capital es más que deporte: es identidad, es pertenencia, es fiesta.
La serie continuará este viernes, pero lo que ya quedó claro es que el Harp Helú volvió a ser santuario de un fenómeno social. El béisbol no solo se juega en el campo; se canta, se grita y se celebra en cada rincón del estadio, consolidando a los Diablos como el latido rojo de la Ciudad de México.









